Lunes, 20-10-08
Casillas abandonó el césped del Calderón jurando en arameo. Tenía motivos. Al final del encuentro, un utilero del Atlético se acercó para pedirle la camiseta y él aceptó a regalársela. Entonces, un compañero del agasajado se acercó y le dijo que porqué «aceptaba un regalo de un hijo de p...». Al principio, el jugador pensó que se trataba de una broma, pero medio segundo más tarde se dio cuenta que el agitador lo decía muy en serio, hasta tal punto que repitió el improperio a dos palmos de sus narices. Entonces, Casillas supo que el empleado del Atlético había superado con creces la línea de lo permisible y le recriminó su actitud. De hecho, Pedro Jaro, preparador de porteros del Real Madrid, tuvo que mediar para que Íker tomase el túnel camino del vestuario para evitar males mayores. Posteriormente, el portero no dio importancia al hecho porque en el Vicente Calderón, tanto la grada como la institución, siempre le han tratado muy bien pese a la rivalidad entre ambos conjuntos de la capital. Fue una noche rara para el portero, que también se encaró con un recogepelotas.




