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Vuelve el alquiler de tocados
Actualizado Sábado, 18-10-08 a las 09:20
El tocado y el sombrero fueron siempre pieza clave en el vestuario femenino de ceremonia, y lo fueron durante muchos siglos. Sin embargo, en España y durante décadas, han sido piezas de ida y vuelta. Es decir, que se llevaron durante años y, sin saber por qué, se dejaron de llevar. La tradicional mantilla y peineta también ha tenido algo que ver y las damas acudían a muchas bodas (recuerden la de la Infanta Elena) con tan bonito atuendo. Sin embargo, en los años cincuenta, según cuentan muchas señoras que lucieron palmito en esa década, no había boda «de nivel» en la que no fuesen todas las mujeres con sombrero o tocado. Hasta el punto de que el alquiler de este complemento en las grandes ciudades (Madrid y San Sebastián se llevaban la palma) fue un auténtico negocio. En esos locales había tocados para todos los gustos y las mujeres lo supieron aprovechar.
Con el tiempo, la moda del sombrero en las bodas desapareció. No así en Europa donde seguían y siguen llevándolos, no sólo para las bodas sino también para los bautizos. No hay ceremonia de Casa Real europea en la que las damas no lleven tocado. En España la moda es reciente y la boda de la Infanta Cristina marcó un hito que se consolidó con las de los Príncipes de Asturias, donde las damas sin tocado o sombrero se contaban con los dedos.
Pero los tocados son caros. Son piezas únicas hechas por manos artesanas y en tejidos nobles y eso hay que pagarlo. Ese alto precio fue la razón por la que Pilar Lara y Miriam Merchante decidieron, hace un año, montar un negocio de alquiler, actividad que en Madrid, por ejemplo, desapareció en los años setenta. Pilar y Miriam son dos estilistas que combinan su profesión con el taller de alquiler de tocados en pleno centro de Madrid. Compran los modelos a las sombrereras de prestigio y después los alquilan por un precio que oscila entre los 30 y los 80 euros, dependiendo de la firma del sombrero. Un ahorro, teniendo en cuenta que un buen tocado no baja de los 400 euros.
A su local llamado «Pili Crazy» (el nombre es un guiño al famoso sombrerero inglés Philip Tracy) se acude con cita previa. Allí llegan las clientas con el vestido de la boda o sin él y estas dos estilistas, con buen ojo y mucho criterio, les aconsejan qué ponee según la estructura de su rostro, su altura, el color de su pelo, su estilo y, naturalmente, su vestido. Empezaron con 30 modelos y ahora tienen 60, que renuevan cada temporada (ya están encargando los de la próxima colección de primavera-verano). Tienen de todo, y de firmas conocidas como Conchita, Mabel Sanz, Luna Benjuya.... o de otros talleres.. También algunas piezas «vintage».
Pieza clave
«El tocado complementa un traje -asegura Miriam Merchante-, y aunque hay mujeres reacias a él cuando se lo ven puesto les encanta porque se encuentran guapas. Un tocado «levanta" un traje soso, lo moderniza. Es un complemento especial. Últimamente, y quizás por lo aparatoso del sombrero, se prefiere el tocado, tanto para una boda de mañana como de tarde, porque la tarde-noche no admite sombrero».
El tocado no debe quitarse durante toda la ceremonia aunque la boda acabe a las cinco de la mañana y como está hecho de sisal, crin, plumas, redecillas u organza, su forma no se altera. «El alquiler de tocado es algo normal en otros países -señala Pilar Lara-, de ahí que las mujeres que han viajado y tienen mundo no le pongan ningún reparo al alquiler. Lo ven normal, al igual que se ve en los hombres el alquiler del chaqué o del esmoquin. Son piezas que se ponen un día, se guardan, se olvidan, y cuando se ha de ir a otra boda, ya no conjunta con el vestido comprado o no se quiere poner, porque ya se lució. Esa es la razón del alquiler, y también la económica. Por poco dinero se tiene tocado nuevo y a la última».
Los tocados se eligen y se reservan. Después el viernes se recogen y el lunes se entregan. La edad media de la gente que alquila es de 25 a 35 años (con poder adquisitivo) o las madrinas que, como van de largo, el tocado les queda de cine. A la mujeres bajitas les aconsejan piezas que les estilice, y a las rubias, tonos que no sean iguales a su pelo (grises, burdeos...). Siempre les piden que, a ser posible, lleven el traje y luego les enseñan a colocarlo. «Al principio no quieren nada ostentoso, pero cuando saben que va a haber más gente en la boda con tocado, se atreven con un modelo más sofisticado», nos aseguran en Pili Crazy, donde nos informan que el alquiler no tiene nada que ver con la actual crisis, sino con el modo práctico de ver muchas cosas.
Datos útiles: Pili Crazy (Orellana 6. Madrid). Tel.: 675527568 (Hay que pedir cita)
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