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Domingo, 12-10-08
Apenas hay seguridad ante la residencia familiar del presidente Mohamed Cheikh Ould Abdallahi en Nuakchot. Él no está dentro. Ni, de momento, se le espera. Abdallahi, primer presidente elegido libremente en las urnas en Mauritania, está en manos de los militares que lo depusieron mediante un golpe de Estado el pasado 6 de agosto. La democracia, con menos de año y medio de edad, había sido derrotada antes casi de echar a andar.
Muchos en este país justifican el levantamiento veraniego del general Mohamed Ould Abdel Aziz, que era el jefe de la Guardia Presidencial. Es más, los golpistas cuentan con la mayoría en el Parlamento.
Abdallahi había bloqueado «las instituciones democráticas elegidas por el pueblo» y pretendió «decapitar las instituciones militares de manera irracional e ilegal», dijo esta semana el general Abdel Aziz a la emisora la Voz de América.
La comunidad internacional critica y presiona, pero no ha puesto en práctica aún sanciones, entre las que podrían figurar el impedir los movimientos fuera del país de los miembros de la Junta en el poder o bloquear sus cuentas.
Dos delegaciones para un país
Mientras esto ocurre, Mauritania está siendo representada en algunas citas internacionales por dos delegaciones -la golpista y la depuesta- poniendo en serios aprietos a los responsables de esos eventos.
Sorprende, sin embargo, ver a grupos de mauritanos echándose a la calle a protestar. En este país, que ha escrito su historia a base de golpes de Estado, lo normal era que se aceptara casi con silenciosa resignación el destino que imponían los autoelegidos salvadores de la patria. Como apunta un periodista local de la agencia Sahara Media, «algo se mueve en este país».
«Ésta es la primera vez que el pueblo se opone de manera permanente a un golpe», señala a ABC Amal Cheikh Abdallahi, de 28 años, una de las hijas del presidente depuesto, y añade que han organizado junto a los miembros del Frente Nacional para la Defensa de la Democracia (FNDD) más de cien actos de protesta desde el 6 de agosto.
La familia Abdallahi no se ha quedado quieta a pesar de que tienen prohibido cualquier tipo de contacto con él, incluso el telefónico. «Ni siquiera tenemos la confirmación exacta de dónde lo tienen», dice Amal, que junto a sus hermanos ha reclamado en la calle «el restablecimiento del poder legítimo».
«La democracia era todavía un bebé, pero a pesar de las dificultades marchaba. Con los militares sí que no hacemos nada. No se respetan las libertades», comenta en el salón de la residencia familiar mientras sostiene un retrato de su padre.
Regreso de Abdallahi
El presidente del Parlamento, Messaoud Ould Belkheir, que preside uno de los partidos del FNDD, explicó a ABC el miércoles cuál debe ser, según él, la salida a la crisis. «No creo que haya más que una solución. Que el Presidente legítimo regrese al poder bajo supervisión de la sociedad política, la civil y la diplomacia estadounidense, africana, europea y árabe», explica.
«Se crearía un Gobierno de Unidad Nacional y se convocarían elecciones presidenciales en un periodo de tres a seis meses en las que se acordaría que Abdallahi no fuera candidato», añade Belkheir.«Propongo esto sin saber si eso él lo aceptaría». Los que tienen claro que no lo aceptan son los militares que, haciendo oídos sordos al FNDD y a la comunidad internacional, especialmente a la Unión Africana, han descartado cualquier posibilidad de regreso de Abdallahi.
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