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«Llevad al capitán a Bagdad». No es una frase en clave. Es una de las últimas órdenes que daba Issa en la tarde de ayer a través de su teléfono móvil. Un cayuco tenía previsto partir anoche desde Nuadibú y el grupo se estaba organizando horas antes en el barrio Bagdad.
Cincuenta emigrantes seguían las instrucciones de este senegalés, cuyo verdadero nombre ocultamos, que se encontraba en una casa frente a la playa de Cabano. «A los que van a viajar les pedís que se tranquilicen y los preparáis para ir acercándolos en grupos pequeños, de tres en tres o de cuatro en cuatro», insistía.
Ya tenían listos, además de la comida y el agua, 23 bidones con 60 litros de combustible cada uno para cubrir los aproximadamente 900 kilómetros que separan el norte de Mauritania de las islas Canarias. Issa, que cuenta además con un pequeño taller de costura, acaba con frecuencia en la comisaría. La última vez pudo comprobarlo este corresponsal el lunes, aunque da muestras de saber arreglárselas bien con la Policía.
«Los mandos apenas pisan el terreno», señala. Pero la corrupción a nivel de la calle está a la orden del día. Él mismo explica cómo soltando unos billetes consiguen que los agentes miren para otro lado cuando van a embarcar.
Precio de los cayucos
Un cayuco con motor de cuarenta caballos cuesta entre dos millones de uguiyas (unos 5.700 euros) y 3,5 millones (unos 10.000 euros), según datos de la policía y las mafias.Hay tres sitios, explica, por los que pueden salir de los cayucos. Uno es la citada zona de Cabano, otra la zona del puerto conocida como Charca y un tercero por las playas de La Güera, territorio del Sahara Occidental a escasos kilómetros del centro de Nuadibú.
Por las calles sin asfaltar apenas hay policias, ni en la Charca donde decenas de cayucos descargan pescado. «Esto es una ciudad de pescadores y es casi imposible distinguir quién viene para trabajar y quién para irse», explica Dambe, un mauritano metido en el negocio de la emigración.
La ruta más corta para alcanzar Canarias es en realidad por el sur de Marruecos o el norte del Sahara Occidental, pero la seguridad desplegada allí es ahora mayor. «Aquí estamos mucho más tranquilos», señala en su habitación de Nuadibú el ghanés Isaac, Mauritania es, además, mucho más accesible para los candidatos a emigrar, que son en su inmensa mayoría subsaharianos y acceden más fácilmente que al reino alauí.
Hasta 2005 casi todos los subsaharianos que quería llegar a España ascendían Malí y Argelia y una vez en Marruecos intentaban la vía mediterránea o bajaban más de 1.200 kilómetros hacia El Aaiún. «Ahora muchos de los que lo intentaban por allí están aquí en Nuadibú», dice Isaac.
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