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Actualizado Miércoles, 08-10-08 a las 08:20
Liquidez. Es lo que buscan ahora cientos de madrileños. Dinero contante y sonante en el bolsillo con el que poder ir tirando un poco más cuando los números no cuadran y los gastos superan a los ingresos en plena época de vacas flacas.
La oficina del Monte de Piedad y los comercios de compra-venta de oro y joyas están ahora en pleno auge. No les faltan clientes. En realidad nunca lo han hecho aunque ahora que la crisis aprieta reciben a más, acuciados por el desempleo, el alquiler o la hipoteca. Gitanos españoles, jóvenes y personas mayores e inmigrantes constituyen el variopinto público.
El objetivo de la mayoría: obtener préstamos inmediatos a cambio de un objeto valioso que dejan en prenda como garantía. Otros, los menos, van a recoger lo que un día depositaron. Tampoco faltan los que se encuentran entre los dos extremos: van a prorrogar o renovar por un periodo de tiempo más el material depositado, dado que no pueden recuperarlo todavía por falta de dinero.
Solo hasta el pasado mes de marzo el Monte de Piedad de Madrid registró un incremento en su actividad del 8,4% respecto al mismo periodo de 2007, lo que supone casi el doble del conjunto de España, en donde el incremento fue del 4,7%, según datos de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA) que aglutina los 21 Monte de Piedad de España. En el ejercicio pasado el de Madrid cerró con un 5,8% de incremento sobre el precedente y un saldo acumulado en préstamos de 69,5 millones de euros,
Los datos son los últimos disponibles que ofreció la entidad cuando la crisis económica no había dado aún del todo la cara, por lo que, a buen seguro, la cifra se habrá visto incrementada notablemente. No en vano, en el primer semestre del año el número de préstamos realizados por los Monte de Piedad de todo el país creció un 10% y otro 15% el importe de los mismos, indicó la CECA.
Más de doscientos números
Ayer, a las puertas del Monte de Piedad madrileño, situado en la madrileña plaza de Celenque, el trasiego era incesante. A media mañana, en su interior más de 150 personas aguardaba su turno. La organización era perfecta y las dependencias nada tenían que envidiar en su funcionamiento a las del Instituto Nacional de Empleo (INEM) o a las de la Seguridad Social.
El usuario tenía que recoger número en función de la operación a realizar —depositar, recoger o renovar—, y esperar su turno. Un panel luminoso reflejaba los puestos a los que dirigirse, y el abundante público aguardaba sentado pacientemente. «Esto va para largo. Yo llevo una hora y todavía me queda un rato», explicaba Paco, un joven treintañero desempleado. Mostraba su número, el 222, mientras que el panel marcaba el 203.
Paco acudía con su mujer para empeñar dos anillos de oro, uno de ellos de su abuelo, un par de pendientes del mismo metal noble y un collar de perlas todos de la joven. «Ella trabajaba como limpiadora y se ha quedado en paro. Yo llevo en esa situación ya cuatro meses. Ejercía de teleoperador. No cobro el subsidio de desempleo y es imposible conseguir un crédito. No nos lo darían», subraya. «Menos mal que no tenemos niños, sería el colmo. Pero tenemos que comer y pagar los recibos, lo básico», relataba.
Explicaba que esta era la segunda vez que acudían con recuerdos y regalos familiares para obtener un poco de dinero para aguantar el chaparrón. «La anterior fue hace año y medio. Obtuve 1.140 euros por dos cadenas y un colgante de oro que eran míos y no pude recuperar. Los perdí».
El mecanismo es sencillo. Los usuarios acuden con la pieza al Monte de Piedad en donde es tasada por un experto. Normalmente es oro con alguna piedra preciosa. «Se paga al peso, en función de la cantidad del metal noble en cuestión. El oro ha subido mucho. Hoy no sé cómo estará. No pasará de los seis euros el gramo», apuntaba María, una mujer de mediana edad que aguarda la vez.
El cliente debe identificarse y queda registrado en la entidad con la descripción de objeto u objetos que deposita y deja en garantía. Todos esos datos figuran en un registro al que tiene acceso la Policía y en el que puede comprobar la procedencia del material.
El sujeto obtiene a cambio de lo que deja en prenda un préstamo inmediato a un interés por debajo que el del mercado. La cantidad se paga en efectivo cuando el valor es igual o superior a los 1.500 euros. Los préstamos se conceden por un año y pueden ser cancelados, renovarlos o prolongarlos, siempre que se abone la cantidad prestada y los intereses de rescate —3 o 4%—. Si el préstamo vence, el destino de las piezas son la subasta pública. Si el valor obtenido es superior al del crédito, el excedente se le otorga a su dueño; si es inferior, este abona la diferencia.
Entre los que ayer recurrían a esta socorrida práctica se encuentran los inmigrantes, un 15% de los clientes del Monte, por ser muy conocida en sus países esta práctica de financiación.<MC2> También las personas de etnia gitana, que no suelen tener ninguna cuenta corriente e invierten lo que tienen en oro del que se deshacen cuando necesitan dinero, explican desde la CECA. Luis es uno de ellos. «Siempre he venido al Monte. Me da más seguridad que las casas de empeño aunque te paguen menos. Sé que mis cosas no se van a perder».
En la misma acera hay dos hombres anuncio con los carteles de compra-venta. «Desde 14 euros gramo. Superamos cualquier valoración», dice uno, cuyo portador conoce bien el negocio. «La gente que necesita dinero urgente prefiere ir a las tiendas aunque el interés que tenga que pagar sea mucho más elevado. No le importa no recuperarlo. La verdad, no nos va mal».
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