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Lunes, 06-10-08
D. A.
ZARAGOZA. Tantas veces como el vicepresidente aragonés y líder del PAR, José Ángel Biel, sale insistiendo en que el Gobierno de coalición con el PSOE es una balsa de aceite, tantas se habla de crisis y diferencias internas. Si la estabilidad se mide por la duración del pacto, está claro que se da. Otra cosa es la calidad del ambiente interno.
En el seno del PAR hay voces que piden mayor vigor a la hora de plantar cara, de presionar para aportar al Ejecutivo regional una auténtica dosis de aragonesismo que entienden sacrificada a cambio de la permanencia en el poder. Y es que el PAR se ha debatido en estos años entre seguir en el Gobierno o verse relegado a la oposición, porque si antaño era decisivo, en las dos últimas legislaturas el Partido Socialista pudo elegir entre ellos o la CHA.
Eso ha dejado a un ala oficial, favorable a mantener el puesto en el Ejecutivo, aunque para ello tengan que estar aceptando más de un trágala. Otros, sin embargo, consideran que eso puede ser pan para hoy y hambre para mañana, sobre todo si se llega a un entreguismo que comprometa principios básicos defendidos por el PAR.
Esas dos tendencias están aflorando desde hace meses en el seno del PAR. Incluso entre los propios miembros del Gobierno regional, hay aragonesistas con posiciones distintas a este respecto.
Fricciones acumuladas
Y es que, a pesar de esa estabilidad pregonada por Biel, no son pocas las fricciones acumuladas. Entre ellas, las derivadas de la política hídrica, bandera de los aragonesistas. El «no al trasvase» está ya amortizado y los aragoneses piden, ante todo, que se cumplan los embalses para tener agua propia, en vez de verla correr. Pero esos embalses no llegan, las obras no avanzan.
El consejero de Medio Ambiente y a la vez número dos del PAR, Alfredo Boné, insiste en que hace falta una solución. Lleva meses esperándola, reclamándola. Y hace meses que se queja de la falta de atención que le prestan en el Ministerio de Medio Ambiente.
Una escasa receptividad que, a su juicio, no debería producirse teniendo en cuenta que son socios del PSOE en Aragón. Busca que el Estado encomiende a Aragón la ejecución de las obras, transfiriéndole los presupuestos necesarios. Visto que en Madrid los proyectos no avanzan, Boné quiere que sea el Gobierno aragonés el que los impulse. Pero el acuerdo no llega.
Entre tanto, después de años con el «no al trasvase», a punto estuvo el PAR de tener que tragar con un trasvase del Ebro a Barcelona, hace escasos meses. Sólo la lluvia lo evitó, no la voluntad política: el PSOE desde La Moncloa había dado luz verde al trasvase, pero luego llovió lo suficiente para llenar los pantanos catalanes y no fue necesario.
La apuesta de Iglesias por el catalán es otro órdago de difícil digestión para los aragonesistas. Admitir que el catalán sea «lengua propia» y quede regulada como tal en Aragón choca frontalmente con lo que ha pregonado el PAR, con lo que han acordado sus órganos de partido y con el sentir general de sus bases. Habrá que ver cómo se desarrollan los acontecimientos, pero Iglesias está dispuesto a impulsar las leyes a favor del catalán en Aragón y el PAR, si cumple lo prometido, tendrá que votar en contra.
Los PGE
El último asunto de fricción son los Presupuestos Generales del Estado proyectados por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para el próximo año. Contemplan un recorte del 12 por ciento en las inversiones previstas para la Comunidad autónoma de Aragón y, a pesar de lo que dice el Estatuto de Autonomía, no ha dado opción a que las partidas fueran negociadas previamente con el Gobierno regional.
El PAR ha quedado apartado y el Estatuto de Autonomía que ha exhibido como logro, tras su revisión y entrada en vigor el año pasado, ha sido incumplido por el Gobierno central de sus socios, del PSOE.
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