Domingo, 05-10-08
POR SERGI DORIA
BARCELONA. La historia la escriben los vencedores y, en eso del humor, los Monty Python han ganado todas las batallas. Si armaron un cristo en «La vida de Brian», la materia de Bretaña fue también para ellos coser y cantar. O correr y cantar... Hablando de correrías, ahí llega a todo galope el rey Arturo, seguido de su fiel criado Patsy, que imita el trote entrechocando dos cáscaras de coco: «Cataclac-cataclac...» La saga artúrica en clave de chacota dio en 1974 una película mítica, «Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores». La parodia que los dos terrys (Giliam y Jones) montaron sobre el legendario rey Arturo inspiró «Spamalot», el musical que Eric Idle y John Du Prez estrenaron en Broadway en 2005. Con tres premios Tony y un Grammy a la mejor banda sonora, el libreto cayó en manos del Tricicle. Reyes de la comedia gestual, los tricicleros ha pergeñado una versión española tan hilarante que va a hacer de Arturo (rey) el caballero más famoso de España después de Arturo (Fernández).
Desde su estreno en el teatro Victoria, «Spamalot» reina en el Paralelo barcelonés. Ambientada en una Edad Media apestosa con muertos que cantan, la búsqueda del Santo Grial corre a cargo de un Rey Arturo que, inspirado por La Dama del Lago, va reclutando caballeros que no pasarían una selección de personal. Pasen y vean:
Rey Arturo: Olvídense de Excalibur y Camelot. Este Arturo es un soltero de oro que pasa el día lamentándose de lo solo que está y de que todo es un desastre. La canción del Rey Arturo dista bastante de la Chanson de Roland. Un Jordi Bosch en vena cabalga y contagia su fervor cómico al respetable.
La Dama del Lago (luego Ginebra): Su sensualidad lacustre desemboca en procaz music-hall. Le jalean las Laker Girls, divertido maridaje entre Esther Williams, el casino de Las Vegas y la NBA. La Dama (Marta Ribera) cultiva el erotismo, pero se mosquea si pasa un rato sin salir al escenario. Entonces reivindica su protagonismo entonando «El lamento de la diva».
Lancelot: «¡Vaya tropa!», que diría Rajoy. ¡Así no hay manera de montar unas Cruzadas! De tan machote que es Sir Lancelot (Fernando Gil) acaba descubriendo que es gay. Entonces sale del armario y canta «¡Lo explicaré!» Con una coreografía a lo Alfredo Alaria en «Diferente» monta el número en «Su nombre es Lancelot».
Galahad y Robin: El primero se las daba de antisistema cuando el buen Arturo lo incorporó a su corte, pero una vez investido caballero se ha vuelto un snob insoportable con una melena rubia que le hace parecer una Barbie Legionaria. En cuanto a Robin, también farda de trajes y mallas, pero es un cobardica que cuando huele batalla se ensucia los calzones. Su ilusión es montar un musical en Broadway. Aunque sabe que nunca triunfará si no lo dirigen judíos. Otro problema, como apunta el rey Arturo, es que estrenar un musical va a ser difícil en un país todavía por descubrir...
Franceses: Son los malos de la historia. Apostados en las almenas, lanzan contra Arturo y sus caballeros insultos gangosos y ventosidades: le combaten con vacas que ríen, gendarmes blandiendo baguettes y una belicosa Coco Chanel.
Conejos: Salen dos en la obra. Uno es el gigantesco Conejo de Madera, émulo del Caballo de Troya. Los caballeros lo introducen en territorio gabacho pero se olvidan de meterse en el artefacto (no leyeron las instrucciones). El otro conejo es pequeño, peludo, suave... pero con fauces de piraña e instinto asesino.
Spamalot: Si «spam» es la bazofia que nos inunda el correo electrónico y la expresión inglesa «a lot» significa «mucho de», los Monty Phyton titularon su obra con el más sublime deseo de la farándula: «¡Mucha mierda!» (con perdón).
En su periplo en busca del Grial, Arturo y sus caballeros afrontarán las dificultades poniéndose a silbar. Aquella célebre melodía de los tiempos de Brian. «Always look on the bright side of life» («Busca siempre el lado bueno de la vida»). O sea, que ya lo saben. La Cruzada del Humor está en marcha. Si quieren enrolarse pregunten por Arturo.


