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Bush y su ministro Paulson hablan a la Prensa tras conocerse el voto de la Cámara baja
Sábado, 04-10-08
Por fin el Congreso de los Estados Unidos dio su luz verde al plan Paulson. La Cámara de Representantes lo aprobó ayer por 263 votos a favor y 171 en contra. Votaron a su favor 172 demócratas, 32 más que el lunes pasado. Se opusieron 62. Los síes republicanos fueron 91, 26 más que la vez pasada, y los noes bajaron a 108.
El resultado es una cómoda mayoría acorde con la cosechada el miércoles en el Senado. Ahora está por ver si el plan, firmado menos de una hora después por el presidente George W. Bush, llegará a tiempo de atajar la crisis. Ayer flotaba en el ambiente la expectativa de una bajada concertada de los tipos de interés en América y en Europa.
La votación negativa del lunes en la Cámara provocó la mayor caída por puntos de toda la historia de Wall Street. Ayer los mercados seguían renqueantes. Incluso al conocerse la aprobación del plan en el Congreso, el Dow Jones bajó un 1,50 por ciento, mientras que el índice Nasdaq descendió el 1,48 por ciento.
Ayer se supo además que los índices de paro del mes de septiembre habían batido todos los récords y que el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, había escrito a Henry Paulson para pedirle un crédito de 7.000 millones de dólares porque si no, dice, no tiene un dólar líquido para el día a día.
Marcar la diferencia
El drama económico seguía pues su curso casi ajeno al drama político que se vivía entre las paredes del Congreso. No todos los que han votado ahora que sí, votaron el lunes que no, y viceversa. Aunque la mayor parte de decantamientos ha sido del no al sí, también ha habido virajes en sentido contrario.
Para algunos las adiciones al plan introducidas en el Senado han marcado la diferencia entre lo inaceptable y lo conveniente. Para otros es justo lo opuesto: el plan cuesta ahora 150.000 dólares más de lo que se dijo en un principio, y eso que a la hora de echar este cálculo no se tiene en cuenta la montaña de gastos indirectos que va a generar, y que pueden doblar el presupuesto o algo peor. Por mucho que Bush insistiera ayer en afirmar que los americanos van a recuperar gran parte del dinero invertido en este rescate.
En el Congreso se vivió ayer casi un marcaje al hombre para asegurarse de que ésta no se votaba en vano. Algunos representantes sobre todo demócratas admitieron abiertamente haber recibido llamadas de Barack Obama conminándoles a votar. También Bush se empleó a fondo, llamando por igual a republicanos y demócratas, sobre todo al comprobar que en el partido ajeno le hacían más caso que en el propio.
Los importantes recortes fiscales asociados al plan han satisfecho a algunos conservadores, pero no a los más reacios a darle la vuelta a la desregulación económica capitaneada por Ronald Reagan, que es el héroe y máximo referente de John McCain y Sarah Palin.
La enfermedad cabalga
«Este puede ser el día en que murió América», afirmaba lúgubre Virginia Foxx, representante republicana por Carolina del Norte. Mientras los defensores del plan se calzaban el casco de bombero y proclamaban que esta votación era el último recurso para atajar la crisis, a la que sin darse cuenta ya llamaban recesión.
Si desde el principio ha habido dudas de hasta qué punto este plan era inevitable y sería efectivo, su mala gestión política y los tumbos que ha dado hasta su aprobación atizan ahora los malos augurios de que incluso si el plan es bueno, ya no llegará a tiempo. Que la enfermedad ya cabalga muy por encima de su pretendido remedio. De ser así los congresistas no estarían ayer tanto peleando por salvar la economía de su país como por salvar a sus partidos del ajuste de cuentas con el público, a sólo 31 días de las elecciones.
El día anterior la economía fue un tema estrella en el debate de los dos candidatos a vicepresidente, Joseph Biden y Sarah Palin. La candidata republicana repitió hasta la saciedad la consigna de que los republicanos combatirán la codicia y la «corrupción» de Wall Street, lo que apunta un cierto salto cualitativo en el discurso sobre la crisis. Si las investigaciones en curso del FBI confirman que en las empresas intervenidas ha habido no sólo mala gestión legal sino también ilegal, los avaladores de este plan pueden verse tan desautorizados como los que en su día votaron en el Congreso a favor de la guerra de Irak.
Pero a no ser que surja un escándalo imprevisto es improbable que eso se aprecie antes del 4 de noviembre. De momento las encuestas registran que la crisis ha beneficiado la candidatura de Obama, que despunta en estados clave que además los republicanos consideraban terreno conquistado, tales como Michigan, Florida y Ohio. Está por ver si el mes que queda antes de las elecciones no disipará la ventaja obtenida por el demócrata.
El tiempo apura
Bush intentó retomar ayer la iniciativa en un discurso público poco después de firmar el plan, ya ley. Se mostró convencido de que esta intervención extrema es imprescindible en circunstancias extraordinarias. Pidió confianza y tiempo para implementar el plan ante la crisis.
Tiempo no parece ser precisamente lo que sobre. La situación en los mercados era ayer tan tensa que a los insistentes rumores de una próxima bajada de tipos por parte de la Reserva Federal se sumaba el dato de que esta rebaja podría ser inminente, y concertada además con el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra. Ni Bush ni Paulson ni el presidente de la Fed, Ben Bernanke, lanzaron ayer ninguna pista concreta sobre el asunto. Pero la expectativa estaba en el aire.
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