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Actualizado Domingo, 28-09-08 a las 18:28
Un hombre y un destino, aquél que todos compartimos, el que se intuye en la mítica cinta de George Roy Hill, cuando él y Robert Redford saltan por el desfiladero. Él, el hombre más bello del mundo, llegó ayer al final de una carrera que comenzó hace 83 años.
Paul Newman falleció después de una enfermedad que no logró acabar con el brillo de sus ojos azules. Murió en su casa de Connecticut, rodeado de su mujer, Joanne Woodward, y de sus cinco hijas. El actor vio cumplido así su postrero deseo, el que anunció a principios de agosto, cuando abandonó el hospital y el duro tratamiento, consciente ya de que la historia llegaba a su fin.
El guión de la más importante película protagonizada por Paul Leonard Newman comenzó a escribirse en Cleveland, Ohio, el 26 de enero de 1925, en medio de una intensa nevada. El camino fácil habría sido continuar en la tienda de artículos deportivos de su padre, pero el joven Newman tenía horizontes más allá de los extensos campos de maíz.
Duros comienzos
Después de servir en la marina estadounidense se graduó en Ciencias Económicas y a continuación se unió a la compañía de teatro «amateur», donde conocería a su primera esposa, Jacky Witte. Los inicios fueron duros. Compaginó su pasión por las tablas con toda clase de oficios: vendedor a domicilio, chico de lavandería, «sparring» de boxeo y hasta granjero. Había que tomar una decisión, y el escenario perfecto de ese gran golpe era el Nueva York de los años 50. Es aquí donde la carrera de Paul Newman comienza a tomar velocidad.
En el Actor's Studios aprendió lo imprescindible para pasar a Broadway y la televisión. Newman era uno más de los muchos jóvenes dispuestos a triunfar, entre ellos el que más tarde se convertiría en un icono del cine, James Dean, con el que coincidió en una prueba ante la escrutadora mirada de Elia Kazan.
Paul Newman volvió a enfundarse los guantes de boxeo en 1956, pero esta vez delante de las cámaras. «Marcado por el odio» fue su primer éxito en la gran pantalla, que no su primera experiencia cinematográfica —ésa llegó con «El cáliz de plata» en 1954, un filme de romanos, por llamarlo de algún modo, por el que el actor pidió disculpas años después—. El derechazo de Newman en su primer éxito (un biopic sobre el boxeador Rocky Graziano) impactó de lleno en Hollywood, y la estrella de Paul Newman comenzaría a brillar en el firmamento de la fama. La crítica lo comparó con Marlon Brandon, y éste comentó airado: «Paul es un buen chico, pero sólo un mal imitador mío». En lo primero no le faltaba razón.
Primera nominación
En 1958 recibió la primera de una decena de nominaciones a los Oscar. A «La gata sobre el tejado de zinc» (de Richard Brooks) siguieron más de 50 títulos, donde el actor demostró su versatilidad sin que lograran encasillarlo. Papeles duros, la mayoría de las veces bien escogidos: «El buscavidas», «Dulce pájaro de juventud», «La leyenda del indomable»... Pero nadie es perfecto, y Paul sucumbió a grandes catástrofes (y mayores beneficios) como en «El coloso en llamas» (de John Guillermin, 1974). Con «Dos hombres y un destino» (1969) y «El golpe» (1973), ambas de George Roy Hill, los espectadores comprobaron la química entre Newman y Redford. Sus nombres ya formaban parte de la Historia de Cine.
Desde sus inicios, Paul Newman miró de reojo la silla de director y en ella se sentó en seis ocasiones. Su ópera prima fue «Rachel, Rachel» (1968), que recibió cuatro nominaciones a los Oscar, una de ellas para su esposa Joanne como mejor actriz. Le siguieron «Casta invencible» (1971), «El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas» (1972) —también con su mujer, que ganó la Palma de Oro en Cannes— y «Harry e hijo» (1984), un homenaje a su hijo Scott, fallecido en 1978 de sobredosis.
«¿Qué tiene que hacer Paul Newman para ganar un Oscar?», publicaba a principios de los 80 «Vanity Fair». En 1985 recibió uno honorífico por toda su trayectoria, para repetir estatuilla al año siguiente por «El color del dinero», de Martin Scorsese. La Academia reconocía su talento, algo que crítica y público llevaban haciendo desde hacía décadas.
En los noventa comprobamos su lado oscuro, intrepretando al villano de «El gran salto» (1994), de los hermanos Coen. En 2001, la revista británica «Radio Times» lo consideró el mejor actor de todos los tiempos. La leyenda seguía viva y así quedó patente en «Camino a la perdición» (Sam Mendes, 2002), una de gánsteres en los años de la Gran Depresión. Entonces nadie lo sabía, pero sería la última vez que disfrutaríamos del mito. Hubo que conformarse con escuchar su voz doblando a uno de los coches animados de «Cars», de los estudios Pixar (2006).
«Me retiro para siempre»
Pocos creyeron sus palabras cuando dijo basta. Fue en 2007, y lo anunció en un programa de televisión: «Buenos días, América, soy Paul Newman y me retiro para siempre». Habían sido más de 50 años dedicados a la fábrica de sueños y no se encontraba con fuerzas para estar al nivel de su autoexigencia. Tenía 82 años, y se retiraba para atender su negocio de salsas («Newman's Own») y de comida ecológica, cuyos beneficios son destinados a labores humanitarias. Las grandes pasiones del actor, después o antes del cine, fueron ayudar a los demás y las carreras de coches, ya fuera conduciendo su porsche o viendo competir a su propia escudería, la «Newman Haas».
Paul Newman cruzó el viernes su última meta. Quería que le recordasen como «un tipo que buscó algo de decencia en su propia vida y siempre quiso ensancharse como ser humano». El galán realizó anteayer su última conquista: la eternidad.

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