Jueves, 25-09-08
«A largo plazo, el futuro de la raza humana deberá transcurrir en el espacio. Si debe continuar durante otro millón de años, tendremos que ir, sin vacilación, donde nadie ha ido antes». Sin medias tintas, Stephen Hawking desgranó ayer en Santiago de Compostela, donde el próximo sábado recibirá el premio Fonseca, los principales retos de la ciencia actual. El físico de Cambridge, que no ve posible la vida en la Tierra más que por doscientos años, apostó por la búsqueda de una opción B en el espacio y se mostró confiado de que las leyes no lograrán frenar los avances de la ingienería genética: «Durante el próximo siglo se descubrirá cómo modificar tanto la inteligencia como la agresividad».
Hawking asimiló la figura de Dios a «la encarnación de las leyes de la naturaleza»; avisó de los peligros del cambio climático y calificó de inocuos los experimentos del acelerador de partículas LHC de Ginebra, que considera un desafío mayúsculo: «El LHC y el programa espacial son vitales si la raza humana no quiere hacer el ridículo y, tal vez, perecer».
Pro-laborista confeso. el profesor citó a Galileo y Einstein como las dos figuras que más admira y repitió una vez más que los viajes en el tiempo no podrán cambiar la historia, sólo conocerla. «No se puede cambiar lo que pasó, sino entenderlo», explicó en compañía de la que se ha convertido en su guardia pretoriana en Galicia: Jorge Mira, profesor de la Universidad de Santiago (USC); Lucy Hawking, su hija y coautora de la obra de divulgación «La clave secreta del universo»; Judtih Croasdell, asistente personal del profesor; y Sam Blackburn, un joven treintañero escogido entre 3.000 candidatos para diseñar el programa informático que permite al físico comunicarse.
No se jubilará en 2009
La hija del profesor Hawking desmintió que su padre vaya a dejar la actividad académica en la Universidad de Cambridge, al hilo de la norma que establece en los 67 años la edad de jubilación de sus profesores. «No tiene intención de dejar Cambridge. Su intención es seguir», aseguraba. Sus más estrechos colaboradores dibujaron la figura de hombre enamorado de la ópera (Wagner, Don Giovanni), las discusiones científicas y el trato con los cuatro estudiantes de doctorado que tutela. Hawking no duerme más de cinco horas al día, pero no hace ascos al buen vivir: «Ayer se fue a cenar a un restaurante y se retiró a un horario muy español», bromeaba el científico de la USC José Edelstein. Su hija relató cómo la Física y su madre recondujeron la vida del joven Hawking cuando a los 21 años le era diagnosticada la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). «Fue un período muy difícil, estuvo muy deprimido. Hacía el doctorado y no hallaba un tema de investigación». «From zero, to hero» («De cero, a héroe»), resumía.

