Sábado 10, octubre 2009 - Últ. actualización 9:18h
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Actualizado Viernes, 26-09-08 a las 16:49
El presidente estadounidense George W. Bush ha advertido de que Estados Unidos está ante un "grave problema" y que por ello el país "necesita un plan de rescate" en forma urgente.
"El procedimiento legislativo no es siempre agradable, pero lograremos que se alcance un acuerdo. (. . . ) Demócratas y republicanos se unirán y aprobarán un plan de rescate" masivo, subrayó el mandatario en un mensaje breve desde la Casa Blanca.
"Necesitamos (aprobar) un plan de rescate" (. . . ) debemos actuar rápidamente", insistió el presidente Bush en una breve alocución en la Casa Blanca.
"Tenemos un gran problema", destacó el presidente en refrencia a la crisis financiera que sufre Estados Unidos. "Hay desacuerdos sobre algunos aspectos del plan de rescate, pero no hay desacuerdos en lo esencial", aseguró al día siguiente del fracaso de una reunión sin precedentes en la Casa Blanca sobre la crisis financiera, de la que participaron los dos candidatos presidenciales, Barack Obama y John McCain y líderes de los partidos Demócrata y Republicano.
Reunión en la Casa BlancaEl presidente George W. Bush recibió ayer en la Casa Blanca a los líderes demócratas y republicanos de las dos Cámaras legislativas y a los dos candidatos a sucederle en el Salón Oval, Barack Obama y John McCain. La reunión sirvió para escenificar el principio de acuerdo que se pretende que sea el principio del fin de la crisis. Los demócratas anunciaron desde horas antes su apoyo al mismo, si bien con importantes reformas. La minoría republicana en el Congreso, disconforme, frustró que el consenso anunciado horas antes en el Congreso cuajara en un acuerdo firme en la cumbre de la Casa Blanca.
La reforma más importante impulsada por los demócratas es que no se gasten los 700.000 millones de dólares de golpe sino a plazos. La idea es que el Tesoro tenga acceso inmediato a 250.000 millones de dólares. Más adelante se liberarían 100.000 millones, y así hasta llegar a los 700.000 millones, siempre y cuando el organismo de supervisión independiente exigido por los demócratas no detecte nada raro. Según este esquema, el Congreso puede congelar el plan en cualquier momento.
Los republicanos se resistían mucho a aceptar esta fórmula gradual, hasta el punto de que un senador republicano por Alabama, Richard Shelby, salió de la reunión en la Casa Blanca proclamando que no había acuerdo. La reunión empezó a las cuatro con una breve llamada al optimismo de Bush y a las cinco había acabado. No hubo brindis ni abrazos. El optimismo inicial dio paso a la cruda realidad: aún falta mucho que discutir. La portavoz gubernamental, Dana Perino, confirmó que se habían acercado posiciones sobre la conveniencia y la urgencia de estabilizar los mercados financieros y prevenir una «crisis financiera masiva que afecte a todos y cada uno de los americanos».
Jarro de agua fría
Pero el acuerdo no estaba rubricado. Este jarro de agua fría confirmaba el malestar de la minoría parlamentaria republicana ante un plan que siente que la Casa Blanca ha cocinado directamente con los demócratas. A los celos políticos se sumaba además la alarma conservadora ante una intervención que filosóficamente les repugna, y cuyos detalles todavía seguían perfilándose cuando el senador Christopher Dodd lanzó las campanas al vuelo. Los mercados respiraron al oírlo. El Dow Jones subió un 1,82%, el S&P un 1,97% y el Nasdaq un 1,43%.
Cuando volvió la angustia Dodd le echó la culpa a John McCain. «No sé que ha dicho McCain en la Casa Blanca, no sé qué papel juega en todo esto», comentó. El candidato republicano se limitó a emitir un comunicado después de la cumbre, anunciando su intención de permanecer en Washington para seguir luchando para atajar esta crisis y a la vez defender al contribuyente. «No hago más planes más allá de esto», concluyó.
Optimismo de Obama
Por su parte, Obama también emitió una escueta valoración, limitándose a expresar su convicción de que al final se alcanzará un acuerdo. La carrera es contra el reloj biológico del mercado y contra la agenda electoral.
En plena campaña electoral, y con Obama despegándose hasta nueve puntos de McCain gracias a este asunto, para los demócratas ha sido clave obtener concesiones políticamente muy rentables. Por ejemplo era importante que el presidente saliera por televisión para hacer catarsis. Tragándose su orgullo y sus más acendrados principios liberales, la Administración Bush también ha aceptado humillar a los altos ejecutivos de Wall Street, limitándoles el salario por decreto.
En su dramático discurso televisado la noche anterior el presidente se había mostrado muy sensible en este punto. Mirando de frente a la cámara insistió en que esto es un plan de rescate para una economía que está globalmente en peligro, no una salvación a la carta para individuales ni empresas en apuros. Bush, que llegó a culpar de la crisis a los inversores extranjeros que han llevado Estados Unidos a la lujuria crediticia, adoptó el tono lo más popular y hasta populista de que fue capaz.
El presidente insistió en todo momento en la idea de que si el coste de este rescate es enorme, más gigantesco sería aún el coste de no hacerlo. A cambio aseguró que si se hace lo que se tiene que hacer, «saldremos juntos de esta». Después de helar el corazón de los americanos trató de infundir confianza —en el futuro, ya que no en el presente-, prometiendo que por lo menos nadie perderá los ahorros en el banco, siempre que no sean demasiados. El gobierno garantiza todos los depósitos bancarios hasta 100.000 dólares.
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