Javier Mariscal: «Nos ha costado deshacernos de la filosofía franquista de «que inventen los demás»»
Miércoles, 24-09-08
POR MARTA MOREIRA
FOTO ROBER SOLSONA
VALENCIA. Cuando Richard Hamilton presentaba en 1956 el conocido collage «¿Pero qué es lo que hace a los hogares de hoy día tan diferentes, tan atractivos?», el pintor británico establecía las bases del arte pop y hablaba con ironía de un nuevo modo de entender la vida basado en el confort y la alianza entre la industria y los medios de comunicación.
La capacidad de los objetos cotidianos para mejorar la calidad de vida sigue siendo medio siglo después uno de los principios básicos del diseño industrial, y «sancta sanctorum» de personas como Javier Mariscal, que ayer mismo presentaba en Valencia una colección de muebles de oficina asimétricos y multicolores para la firma valenciana Uno Design; diseños con los que aspira a convertir los espacios públicos y laborales en lugares «más humanos».
«Vivimos todavía en un mundo marcado por las corbatas; gracias a Dios vienen otras», augura el diseñador valenciano, para quien «ya no tienen sentido las oficinas con fluorescentes (según él, un invento de Hitler) y tabiques baratillos hechos de aluminio». El concepto de lujo ha cambiado, alega; «ya no es el mármol sino más espacio y más luz».
Para Mariscal, el interiorismo no es sólo una ordenación estética sino una expresión de valores más profundos. Y apoya su parecer en varios ejemplos. Recuerda una ocasión en la que visitó los opulentos despachos directivos de Lladró. «Era tan garrulo, tan del siglo XIX, tan opresivo que pensé: «¿De qué vais?». Por oposición, habla de su propio estudio en Barcelona -«tenemos muchos sofás donde la gente se echa la siesta»-, y las instalaciones de la productora norteamericana Pixar (de Dysney), para la que está trabajando en una película de animación cuyo estreno está previsto en 2010. «Los horarios son muy flexibles, tienen espacios más abiertos y zonas para charlar, visionar».
A pesar de lo que esta laxitud pueda dar a entender, Mariscal es a su manera un adicto al trabajo y se maneja de perlas con los conceptos de la lógica empresarial. «Es mucho más difícil ser empresario que ser diseñador -asegura-. De hecho, si existe el diseño es porque hay emprendedores que se arriesgan», dice.
En cuanto a la crisis que azota a la industria española, concretamente la del mueble, el creador nos confía su receta personal: «El futuro de nuestras empresas pasa por hacer productos con nombres y apellidos». «Tenemos la suerte de que hoy das una patada a un árbol y te caen cincuenta diseñadores». Muchos de ellos, en su opinión, tienen mucho que decir y nada que envidiar a los italianos o los nórdicos.
Cultura de la copia
la falta de competitividad del sector del mueble o del zapato en España es, a su entender, un lastre derivado del régimen franquista. Se explica: «A los emprendedores españoles les costó mucho cambiar el chip después de la Transición, porque la dictadura de Franco sólo fomentaba el engaño, el tramposeo y la copia. La estrategia era ir a la Feria de Milán y hacer fotos de las lamparitas para luego hacer malas copias con ellas. La filosofía de «que inventen los demás» destrozó el tejido empresarial e impuso un punto cazurro que ha costado muchísimo quitarse de encima». En su opinión, la supervivencia requiere arrancarse complejos y mirar lejos, «como ha hecho Camper».

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