Miércoles, 24-09-08
TEXTO: RAFAEL A. AGUILAR
FOTO: RAFA ALCAIDE
CÓRDOBA. José María Jiménez (Córdoba, 1968), uno de los facultativos integrados en la Clínica El Brillante, acaba de publicar un libro titulado «Depresión en el anciano, ¿otra epidemia del siglo XXI?» en el que desbroza esta patología entre los mayores en colaboración con otros especialistas.
-¿Cuáles son las líneas maestras de su trabajo?
-El objeto del libro es darle un enfoque distinto a lo que hay escrito en la actualidad sobre la depresión, y siempre enfocado hacia el mayor. Y lo enfocamos desde la epidemiología, desde la manifestación de estos trastornos en la población anciana, y también analizamos las patologías crónicas asociadas, como los pacientes con infección respiratoria o la fractura de cadera. Porque un cuarenta por ciento de personas que se rompe la cadera desarrolla síntomas depresivos. Nosotros también nos interesamos por el diagnóstico precoz, ya que está estimado que tres de cada cuatro personas no están tratadas.
-¿Decimos ahora que un mayor está deprimido cuando antes sólo pensábamos que «el abuelo está triste» y le quitábamos importancia?
-Lo primero que me gustaría subrayar es que ser mayor no tiene por qué estar asociado a tener un estado depresivo. Porque hay factores desencadenantes, como la pérdida de un ser querido o el padecimiento de una patología física. Ahora bien, los geriatras debemos hacer esfuerzos por diagnosticar precozmente los cuadros depresivos. Lo que no es correcto es concluir que el mayor sufre trastornos por el simple hecho de envejecer. Recuerdo una anécdota de un doctor norteamericano en relación con lo que hablamos. Un abuelo fue a la consulta de un colega suyo y le dijo que le dolía mucho la pierna derecha, y el médico le contestó que qué esperaba si tenía ya cien años. El anciano le respondió que su pierna izquierda también tenía cien años y no le dolía nada.
-Supongo que la administración de un fármaco para pacientes con trastornos mentales será mucho más compleja en personas mayores que en jóvenes, ¿no?
-Sí, es mucho más complejo. Porque el fármaco se metaboliza más lentamente y los efectos adversos son mucho mayores. Lo que hacemos es iniciar los tratamientos con dosis muy bajitas y se aumentan progresivamente y muy despacio.
-¿Dónde se deprimen más los ancianos, en casa o en un geriátrico?
-Mucho más en un geriátrico. En los mayores que viven en familia, la prevalencia [o frecuencia] de este tipo de trastornos está sobre el diez por ciento, y en personas que viven en residencias, se puede alcanzar hasta un cincuenta por ciento. Hombre, lo que pasa es que hay que tener en cuenta que hay residencias y residencias. En los geriátricos no sólo cuentan las instalaciones, sino también y sobre todo la calidad asistencial.
-¿Cómo calma un geriatra la ansiedad ante la muerte?
-Que una persona vea que sus allegados y sus amigos comienzan a morirse crea síntomas que, a la larga, pueden producir depresión. Lo que los geriatras intentamos hacer en estos casos no es alargarle la vida a nadie, sino darle vida a los años. Ésa es la función del geriatra. Y hacerle ver al paciente que en los años que le quedan puede seguir haciendo una vida completamente activa.
-Usted hace referencia en su libro a la relación entre la mortalidad y la depresión. ¿Hasta qué punto están ligadas?
-Si no se trata a tiempo, la relación entre los trastornos mentales de los que hablamos, y la mortalidad es muy alta, sobre todo si está asociada a patologías físicas.
-La posible epidemia depresiva de los ancianos de la que usted habla en su trabajo recién editado, ¿no está vinculada con el modo de vida actual, que en muchos aspectos relega a los ancianos a un segundo plano?
-En algunos casos. Pero por fortuna no existen demasiados casos en los que se «aparque al abuelo» en una residencia.
-¿Cree que la ley de dependencia puede atajar parte de los problemas de los mayores?
-Hombre, yo abogaría por una ley de independencia, de manera que se evitara que los mayores no se vieran abocados a ser dependientes de nadie. Ya en serio, creo que la ley de dependencia a la que usted hace referencia está bien planteada, pero creo que las ayudas sociales que se están dando no son ecuánimes en todas las comunidades autónomas. La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, a la que yo pertenezco, está haciendo un análisis para ver cómo se están repartiendo los recursos provenientes de esa ley, que por ahora se están distribuyendo con cuenta gotas.

