Sábado, 20-09-08
POR ALFREDO PASCUAL
MADRID. Han invertido cinco años para alcanzar una determinación, pero finalmente la Unión Internacional de Astrónomos (IAU, por sus siglas en inglés) ha decidido llamar Haumea al planetoide antes conocido como 2003 EL61. Haumea, la deidad hawaiana de la fertilidad y, a la sazón, la denominación solicitada desde EE.UU.
Porque detrás de esta larga demora se esconde un conflicto que enfrenta a científicos norteamericanos y españoles. En agosto de 2005, el físico José Luis Ortiz, al mando de un equipo del Instituto Astrofísico de Andalucía, informaba a la IAU del avistamiento de un, por entonces, nuevo planeta. El décimo del Sistema Solar, una masa de roca helada con forma de elipse más allá de Plutón. Se encuentra a 50 Unidades Astronómicas (cada UA equivale a la distancia entre la Tierra y el Sol) y presenta el giro concéntrico más rápido de todo el Sistema Solar, de sólo cuatro horas de duración.
Descubrimiento exclusivo
La sorpresa llegó dos años después cuando Michael Brown, descubridor de planetoides por excelencia, reclamó para sí el hallazgo. Y para sustentar su teoría presentó otro objeto cercano a Haumea -2005 FY9- nunca antes observado. «Los norteamericanos habían descubierto tres grandes objetos hace bastantes meses, pero ocultaban su existencia a la comunidad científica», reprochaba por entonces Ortiz. Ciertamente ésta parecía la actitud de Brown, guardarse la información para analizarla detalladamente sin presiones externas. Ya había incurrido en la misma falta un año antes, cuando se «reservó» los datos de dos pequeños objetos espaciales, Quaor y Sedna. Ante el peso de la evidencia, Brown terminó por reconocer en su página web que «en justicia, los créditos del descubrimiento deben ser para el grupo español».
Hoy, tres años después, la Astrofísica le ha rebajado el perfil a Haumea. Ya no es el décimo mundo del Sistema Solar, sino un plutoide, un objeto de semejantes dimensiones a Plutón que, como éste, no merece el tratamiento de «planeta». Y disipada la polvareda, los responsables del Centro de Planetas Menores de la IAU, con sede en París, se han decantado por la versión de los americanos. «No queremos crear un conflicto internacional con nuestra decisión», dice Brian Mardsen, uno de los portavoces de la institución. Quizá por este motivo sólo han adoptado el nombre propuesto por Brown, mientras que mantienen en blanco la casilla designada al descubridor. Para colmo de ambigüedad, la IAU admite que el primer avistamiento se produjo desde el Observatorio de Sierra Nevada, en Granada. Allí trabaja habitualmente el equipo de Ortiz, al que oficialmente no se le reconoce mérito.
Métodos fraudulentos
Todo lo contrario. Desde la IAU, Mardsen afirma que los españoles utilizaron «métodos fraudulentos». Les acusan de haberse valido de las observaciones de Brown para localizar el planetoide. «Me he hartado de responder a esta acusación. Lo único que hicimos -comentó ayer Ortiz a ABC- fue buscar información en Google y topamos con los datos de Brown, que estaban a disposición pública».
Los españoles habían propuesto llamar Ataecina al plutoide, también diosa, pero ibérica: «Adoptar el nombre de Brown ha sido una decisión desafortunada que sienta un mal precedente», estima Ortiz, que hubiese visto con buenos ojos una solución de consenso. Es difícil comprender por qué una asociación científica internacional, basada en la colaboración solidaria, recompensa a un miembro egoísta. «¡Se salta todos los protocolos y se sale con la suya!», comenta molesto el científico andaluz, que sólo encuentra motivos «de afinidad al más poderoso» para justificar la decisión. Desde luego, si el poder guarda relación con la representación en la sede de la IAU, los 2.497 científicos estadounidenses lo habrán tenido fácil para imponer su criterio a los 254 españoles desplazados en París.

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