Viernes, 19-09-08
Más de 118.000 niños y adolescentes han denunciado a la Fundación ANAR haber sufrido maltrato físico o psicológico en su entorno familiar y escolar, una cifra muy preocupante y demostrativa del ambiente de violencia en el que muchos de nuestros menores se desenvuelven a diario. La Fundación también ha detectado cómo cada vez más padres piden ayuda por las conductas violentas de sus hijos hacia ellos. No se trata de hechos aislados, sino de una inquietante espiral que obliga a la sociedad y a los poderes públicos a una urgente reflexión. La lucha contra las conductas violentas a edades tan tempranas merece una atención prioritaria porque sus consecuencias son imprevisibles. Una sociedad con grietas en su sistema de valores es una sociedad enferma y tiende a degenerar aún más cuando se envilece desde la infancia. Hará falta mucho más que una asignatura doctrinaria y absurda como es Educación para la Ciudadanía para poner coto a esta espiral, e imponer criterios ético-morales, de disciplina, autoridad y sentido común, impulsados también desde la familia, la escuela y los medios de comunicación. Lo contrario será un fracaso colectivo.