Actualizado Domingo, 14-09-08 a las 10:25
El pasado año, el Ayuntamiento cuantificó la participación popular en más de millón y medio de personas. Este, pese al frío, pero sin la lluvia de hace un año, se puede haber batido un nuevo récord y alcanzarse los dos millones. Habrá que esperar a hoy para saberlo. De momento, cientos de miles de madrileños están descansando esta mañana después de otra noche —la tercera ya— de desenfreno artístico en la capital. Y es que, tras una velada con más de 170 actividades a elegir, el descanso es más que una necesidad.
La Noche en Blanco ha reducido el número de actividades, pero la oferta sigue siendo abrumadora y la gratuidad «pica». Eso sí, lo que no disminuye son las colas y las molestias para desplazarse de un lado a otro. Son las cosas de las grandes ciudades. Y si no que se lo pregunten a los taxistas: «Tardo 40 minutos de Goya a Moncloa, así no hay negocio». O, si se pregunta a un sufrido ciudadano en una cola: «Tengo un “planning” milimetrado, voy a ver por lo menos cinco espectáculos y cinco exposiciones». Así lo decía, entusiasmada Belén Segura, poco antes del pistoletazo de salida de su particular noche en blanco, en el Matadero. Pero su novio Gonzalo parecía menos lanzado: «Es que es mucha tela esto de La Noche en Blanco, y a ella le gusta darse el palizón, llueva o nieve…».
Esta vez no llovió —el año pasado el chaparrón casi agua la fiesta—, y la enorme oleada de madrileños que se echó a la calle pudo concentrar la mirada en el arte y no el cielo. Bien abrigaditos, eso sí, porque anoche los termómetros certificaron la defunción del verano, marcando temperaturas que no pasaron de los 15 grados. Pero además había que ser previsores. Y si no que se lo pregunten a quienes en el Matadero (en la exposición «Tesoros sumergidos de Egipto») se plantaron a las cinco de la tarde para ser los primeros en entrar.
Muchos estaban allí también por la música. La que a partir de las nueve y media llenó el recinto para rendir homenaje a uno de los cineastas que mejor ha retratado la ciudad: Pedro Almodóvar. Allí estaban Concha Buika, Miguel Poveda, Eva Yerbabuena, Alberto Iglesias, Javier Limón y Solu, todo ellos artistas vinculados al flamenco, género imprescindible en la obra del director.
Almodóvar, que llegó acompañado del alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, dijo estar «encantado con el homenaje, porque la música siempre ha sido muy importante en mis películas. De Madrid me he impregnado tanto que la ciudad siempre acaba siendo un personaje más en mis guiones», aseguró.
El espectáculo fue una interesante combinación de arte visual y musical, gracias a una perfecta sincronización de la Orquesta de Radio Televisión Española con las imágenes proyectadas en dos pantallas gigantes, que mostraban algunas de las secuencias más memorables de la cinematografía de Almodóvar.
A esa hora, Madrid ya estaba inundada de propuestas, como la «gigantografía» del fotógrafo Chema Madoz en el Edificio España, quien transformó la luna con sorprendentes ilusiones ópticas acompañadas de fuegos artificiales, o la instalación «La demeure de l'essence», de la artista Ana Laura Aláez. O la música en la escalinata del Congreso, donde acompañando a los leones hubo más de 20.000 almas.
Una de las actividades más divertidas y concurridas (10.000 personas) tuvo lugar en la Puerta de Alcalá, donde Eugenio Ampudia instaló una «acción urbana» que invitaba a los madrileños a atravesar el monumento para «salir» de la ciudad, como se hacía antiguamente. Cada vez que alguien pasaba bajo su arco, la Puerta se iluminaba con 324 vatios de luz y de sus paredes salían músicas.
Pasadas las dos de la madrugada se suspendió, por culpa del fuerte viento, la esperada actuación del paseo aéreo del funambulista Jade Kindar entre el Instituto Cervantes y el Círculo de Bellas Artes.

