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Viernes, 12-09-08
Ante la frustración de que Pakistán termine por convertirse en un nuevo Afganistán al servicio del terrorismo islámico, el presidente Bush ha autorizado por primera vez que tropas especiales del Pentágono realicen incursiones terrestres al margen del Gobierno de Islamabad. Las órdenes secretas habrían sido cursadas este verano y reflejan una situación que la Casa Blanca considera como «intolerable» después de haberse invertido siete años y un multimillonario presupuesto para convertir a Pakistán en un aliado fiable en la lucha contra el terror.
Según detallaba el «New York Times» en su edición de ayer, la preocupación de Washington se centra en torno a las llamadas zonas tribales de Pakistán, territorio fronterizo con Afganistán utilizado como base de operaciones por parte de militantes talibanes y de Al Qaida. Las órdenes de la Casa Blanca ya han sido aplicadas la semana pasada con una incursión de efectivos estadounidenses contra un poblado paquistaní, cercano a la frontera con Afganistán, que se saldó con la muerte de una veintena de presuntos terroristas.
Hasta ahora, la lucha antiterrorista de Estados Unidos en esas zonas tribales ha sido realizada por la Agencia Central de Inteligencia con ayuda de aviones teledirigidos «Predator», armados con misiles. Pero en la misión de la semana pasada han participado dos docenas de comandos de la Armada, «Navy Seals», respaldados por helicópteros y un avión artillado AC-130. Para el gobierno de Pakistán esta escalada solo sirve para poner en peligro a civiles inocentes y alentar el anti-americanismo de las zonas tribales.
El máximo responsable militar de Pakistán, general Ashfaq Parvez Kayani, ha criticado esta escalada. Hasta el punto de insistir en que las Fuerzas Amadas pakistaníes están dispuestas a defender su soberanía nacional «a cualquier precio». La situación supone también un complicado reto para el nuevo presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, que respalda acciones más agresivas contra los militantes pero al mismo tiempo no desea ser percibido como una sumisa correa de transmisión de Estados Unidos tal y como ocurrió a su predecesor, el general Musharraf.
Karzai, entusiasmado
Entre las voces de respaldo a esta nueva estrategia de Estados Unidos en Pakistán figura la de Hamid Karzai, presidente de Afganistán que acarrea su correspondiente dosis de malas relaciones con sus vecinos del sur. Según indicó ayer Karzai, el cambio de estrategia «es esencial» y ha sido defendido por el Gobierno de Kabul desde hace años. Según el dirigente afgano, «esto significa que vamos a ir a esas zonas donde se encuentran las bases de entrenamiento y los refugios de los terroristas y de forma conjunta vamos a proceder a su extirpación y destrucción».
Esta semana, el Pentágono también reconoció públicamente que los esfuerzos contra la insurgencia de los talibanes no están funcionando en Afganistán. El almirante Mike Mullen, jefe de la Junta de Estado Mayor, ha indicado en una comparecencia parlamentaria que se encuentra estudiando «una nueva y más completa estrategia» que cubra ambos lados de la frontera compartida por Afganistán y Pakistán.
En la actualidad, Estados Unidos y la OTAN disponen de 71.000 efectivos en territorio afgano, con planes para duplicar las fuerzas militares del Gobierno de Kabul hasta llegar a los 134.000 soldados.

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