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Jueves, 11-09-08
GABRIEL SANZ
MADRID. Cuando a las 9.00 de ayer da comienzo el Pleno del Congreso, José Luis Rodríguez Zapatero ya sabe que la UE anunciará una hora más tarde en Bruselas el pronóstico de recesión para España este mismo año, lo cual podía arruinar la comparecencia. Aun así, sigue con su guión y decide sobre la marcha leer aquel pasaje del discurso donde dice que España tiene posibilidades «no lejanas» de salir de la crisis.
Y es que ayer se trataba de eso, de «fortalecer la confianza» emocional a pesar del dato, que desdeñó como una de las muchas «previsiones» equivocadas de la Comisión sobre España, contra la que «vamos a luchar». Para ello necesitaba frustrar pronto la obsesión mediática por los grandes titulares: «El grueso de las medidas -dijo al inicio de su discurso- está ya aprobado o en desarrollo. No esperen una nueva batería de anuncios o propuestas. No tiene sentido improvisar o aprobar todos los días nuevas iniciativas». Sólo dos muy técnicas para fomentar el alquiler: las sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria y otra línea del ICO.
A partir de ahí, del no titular, Zapatero intentó un «remake» de «Sólo ante el peligro» para las televisiones. Dijo que había acudido al Congreso a «dar la cara», pero luego se dedicó a partírsela al resto con gesto crispado por momentos: la actitud de Mariano Rajoy es «cobarde» y «mezquina», explicó, porque tira piedras contra el tejado de la confianza exterior en España cuando «su amiga la señora Merkel» ha obtenido peores notas: decrecimiento del PIB un 0,5 por ciento en el segundo semestre del año frente al 0,15 que creció España. A partir de ese momento, el discurso presidencial se convirtió en un frontón donde las apelaciones del resto a que asuma alguna responsabilidad se toparon con la comparación entre la «pobre» España, que todavía crece, y Alemania, Francia e Italia, los «ricos» de toda la vida, que ya están en recesión.
«Su análisis de la situación económica y de las dificultades -se cebó el jefe del Ejecutivo con Rajoy- ha presentado una notable falta de rigor rayana en la ausencia absoluta de un mínimo de seriedad». Se vio enseguida que Rodríguez Zapatero, que usó la prerrogativa parlamentaria de responder a toda la oposición en bloque con la intención de ningunear a su contrincante, intentó poner la opinión pública contra el PP cuando aseguró que congelar el aumento de gasto en el 2 por ciento para los Presupuestos Generales del Estado de 2009 «supondría congelar el sueldo de los funcionarios durante cuatro años».
Cómo sería el asunto que hasta su potencial socio en la aprobación de las cuentas públicas, el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, le pidió menos «complacencia» con que Europa va peor, y le recordó lo que afirmó Churchill: «Los problemas económicos no se resuelven con una manifestación por vehemente que sea».
Fuentes del Gobierno reconocieron a ABC su interés, una vez pasado este debate, en retomar la agenda social, y, en este sentido, la Moncloa baraja que tras el Consejo de Ministros del próximo viernes comparezca la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, para explicar nuevas medidas del Plan Educa de 0 a 3 años, y a analizar el comienzo del curso escolar 2008/2009. Desde el Ejecutivo se hacía una buena valoración del debate y, sobre todo, del hecho de que los líderes de UGT y CC.OO., Cándido Méndez y José María Fidalgo, hayan valorado la intervención de Zapatero como apegada «a la realidad». Fidalgo dijo que las medidas para el sector inmobiliario van «en la dirección correcta» y pidió que se extiendan a otros sectores.
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