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Jueves, 11-09-08
Después de superar veinte meses de odisea política jalonada por obstáculos tan grandes como su propia condición racial, su muy limitada experiencia y la fabulosa rivalidad de los Clinton, Barack Obama ha empezado por primera vez a enfrentarse a la posibilidad de perder las elecciones de noviembre. Al arrancar los dos meses finales de campaña, las encuestas coinciden en otorgar una ventaja creciente a su rival republicano John McCain, propulsado por el gran golpe de efecto de haber elegido como «número dos» a la gobernadora Sarah Palin.
Ante esa preocupante desventaja que en términos pugilísticos se empieza a describir como «la mamá contra el mesías», el candidato demócrata se ha visto obligado a descender un poco de su alto pedestal retórico para defender su amenazado mensaje electoral de cambio político. Hasta el punto de enseñar un poco los colmillos en lugar de dedicarse sin distracciones a re-introducirse ante el electorado nacional con ayuda, entre otras cosas, de su nuevo libro «Cambio en el que podemos creer», lanzado esta semana con aspiraciones de «best-seller».
Al insistir en que John McCain representa otro mandato adicional para la fallida Administración Bush, Barack Obama no se ha limitado durante un acto en Virginia a argumentar que «por envolver un pescado podrido en un papel nuevo que diga cambio, el pescado no deja de apestar después de ocho años». Sino que también ha planteado que «aunque le pongan pintalabios a un cerdo, el cerdo no cambia». Palabras que han monopolizado automáticamente el debate electoral en Estados Unidos, sobre todo porque hace tan solo una semana la propia gobernadora de Alaska utilizó la irónica definición de ser «un pitbull con pintalabios» durante su debut ante la convención republicana.
Fauna y cosmética
Esta peculiar incursión entre la fauna y los productos cosméticos ha permitido a la campaña de McCain aprovechar la ocasión para lanzar reproches de sexismo contra Obama. Además de exigir una disculpa por haber llegado al nivel del insulto personal dentro de los esfuerzos en curso para desacreditar a la gobernadora Sarah Palin. Pero sin recordar que el propio senador McCain ha utilizado la misma y campechana metáfora porcina -equivalente en español a la expresión «aunque la mona se vista de seda, mona se queda»- para referirse el pasado octubre a la reforma sanitaria defendida por Hillary Clinton.
Obama ha reaccionado ante esta bronca inesperada presentándose como víctima de una estrategia de trucos sucios electorales por parte de los republicanos, insistiendo en que todo se trata de una «controversia inventada» como la utilizada hace cuatro años contra el senador John Kerry en torno a su historial militar en Vietnam. Con todo, el candidato demócrata no ha logrado dar esquinazo a los reproches existentes dentro de su mismo partido por no haber elegido a Hillary Clinton como candidata a la vicepresidencia.
Para la cúpula del Partido Demócrata resulta preocupante la desorientación y falta de criterio de la campaña de Barack Obama ante el fenómeno de Sarah Palin. Especialmente después de que hace tan solo dos semanas, el candidato afro-americano fuese capaz de terminar la convención nacional en Denver en tono de apoteosis con las miras puestas en la Casa Blanca. Y sin embargo, la nueva encuesta publicada este martes por el «Wall Street Journal» y la cadena NBC indica cómo el «ticket» republicano está ganando con un amplio margen entre mujeres blancas (52%-41%) en comparación con el empate registrado hace tan solo un mes.
David Axelrod, el principal estratega de Obama, ha indicado que John McCain al recurrir a la gobernadora de Alaska «ha barajado de nuevo las cartas». En declaraciones al «Washington Post», Axelrod ha reconocido que la campaña demócrata está prestando atención a este fenómeno pero con insistencia en que la carrera hacia la Casa Blanca «consiste en una seria de retos estratégicos y tácticos» y a su juicio «las cuestiones fundamentales siguen siendo las mismas».
El fenómeno electoral de Sarah Palin en Estados Unidos ha empezado ya a adentrarse por cuestiones de «look» y «fashion». Desde que hace dos semanas saltó a primera fila de la batalla electoral por la Casa Blanca, las gafas japonesas de la gobernadora de Alaska parecen haberse convertido en el obligado accesorio bipartidista de la temporada. Hasta el punto de que la empresa distribuidora con sede en California ha registrado una multiplicación exponencial de los pedidos de este particular diseño de Kazuo Kawasaki, agotando todas sus existencias disponibles. La codiciada montura de titanio, identificada como el modelo MP-704 y disponible en varios colores, cuesta unos 300 euros. Con la peculiaridad de que las lentes, no incluidas, pueden ser elegidas entre multitud de formas originales.
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