Miércoles, 10-09-08
Cualquiera que no le conozca y le vea sentado en su silla de ruedas, con el gesto torcido por la enfermedad y más del noventa por ciento del cuerpo paralizado, jamás sospecharía que el cerebro del físico más famoso del mundo, además de formular de memoria las ecuaciones que explican el origen del universo, alberga también un fino y británico sentido del humor. Y una más que probada afición por hacer jugosas apuestas con sus colegas sobre los temas más abstrusos de la Física.
Entre sus frases inolvidables destaca quizá la que pronunció durante una conferencia para ridiculizar a los físicos que a la sazón defendían los viajes en el tiempo: «La mejor prueba de que no son posibles -dijo el físico- es que no estamos invadidos por una legión de turistas del futuro». Lástima que apenas un par de años después el propio Hawking llegara por sí mismo a la conclusión de que, lejos de ser una locura, los viajes en el tiempo son (por lo menos teóricamente) posibles. Cosa que además demostró en una serie de brillantes trabajos científicos...
Apuesta provocadora
Pero volvamos a las apuestas. Justo ahora, cuando el mundo entero contiene la respiración ante la puesta en marcha de la mayor maquinaria científca jamás construida por el hombre (el súper acelerador de partículas europeo LHC, que entre otras cosas intentará precisamente demostrar algunas de las teorías del físico británico), Stephen Hawking admitió ayer mismo haber apostado cien dólares (unos setenta euros) a que los científicos no serán capaces de encontrar, tal y como esperan, al esquivo bosón de Higgs, la «madre» de las partículas subatómicas y la única que contiene el secreto de la masa de todas las demás.
«Creo que será mucho más excitante si no encontramos al Higgs -dijo Hawking-. Eso demostrará que algo está equivocado y que tendremos que volver a pensarlo».
No es la única vez que Hawking ha hecho una apuesta científica. Ya en 1974, después de haber escrito casi todo lo que se sabe sobre los agujeros negros, apostó con su amigo Kip Thorne que la estrella doble Cisne X1 (el principal candidato a ser el primer agujero negro observado con un telescopio) no contenía uno de esos extraños objetos cósmicos. Hawking se jugaba una suscripción de un año a la revista «Penthouse» para su amigo contra cuatro años para él de la revista satírica «Private Eye». Y, aunque tuvieron que pasar dos décadas, perdió la apuesta.
Igual que perdió la que hizo con John Preskill en 1997 sobre la desaparición, o no, de la información dentro de una singularidad. La cosa le costó comprar a su amigo una enciclopedia completa.
Pero Hawking, todo hay que decirlo, suele jugar con ventaja. Él siempre ha dicho que su apuesta con Thorne era un «seguro» por si sus teorías no acertaban. Si se equivocaba y su trabajo de años sobre agujeros negros resultaba ser en vano, por lo menos le quedaría la revista para reírse. Seguro que ahora piensa algo parecido...

