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Miércoles, 10-09-08
El hombre no abandonó la vida nómada para cultivar el campo, sino para beber cerveza y embriagarse. Esta es la versión de los hechos que defiende el biólogo e historiador alemán Josef H. Reichholf, de la Universidad Técnica de Múnich. En su libro «Por qué los hombres se volvieron sedentarios», presentado ayer, el catedrático califica la teoría clásica como «totalmente errónea», ya que «el cultivo de plantas no trajo consigo ninguna ventaja sobresaliente para la supervivencia».
El experto sí admite que los primeros asentamientos humanos se dieron en Oriente Medio, pero considera que la caza era abundante en la región y, por lo tanto, no se precisaba de la agricultura. En su opinión, aquellos cultivos no otorgaban «garantías de subsistencia», además de ser «unas prácticas demasiado laboriosas». En este sentido, el alemán sostiene que el hombre del Neolítico continuó cazando para alimentarse y que no comenzó a trabajar la tierra por necesidad.
«De hecho, yo afirmo que la agricultura surgió de una situación de abundancia», dice Reichholf, que estima que el hombre «no comenzó a cultivar cereales para alimentarse», sino para «fabricar cerveza para su fermentación». Asimismo asegura que la humanidad siempre ha sentido la necesidad de alcanzar estados de embriaguez con drogas naturales que «transmiten la sensación de trascendencia, de abandono del propio cuerpo». También subraya la importancia de los chamanes, líderes espirituales de la tribu que conocían los efectos de las drogas y las empleaban habitualmente en rituales religiosos. La cerveza habría servido, según la teoría del muniqués, para fomentar el sentido de unidad entre los miembros de la comunidad mientras los cazadores aportaban el alimento. La fermentación de los alimentos tampoco se aprendió de forma espontánea: «La humanidad ya conocía esta técnica, empleada anteriormente para fermentar la uva y obtener vino de ella».
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