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Actualizado Martes, 09-09-08 a las 10:28
Jean-Paul Belmondo, monstruo sagrado del cine y la escena francesa, se divorcia por segunda vez a los 75 años.
El primer divorcio de Belmondo de su primera esposa, Elodie, antigua bailarina, en 1966, madre de sus tres primeros hijos (Patricia, muerta en un incendio; Florence y Paul), se consumó en los años de gloria incipiente, rodeado el actor de un aura de mujeriego impenitente.
El segundo divorcio de Belmondo, de Natty, ex bailarina, igualmente, treinta y dos años más joven, madre de su hija Stella, se consumó hace días, en un marco de melancólico ocaso dramático...
Belmondo y Natty se conocieron en 1989. Ella formaba parte de un grupo de coristas que tuvo sus días de gloria en un famoso programa de TV, «Collaro Show», cuyas «coco-girl» encarnaron en su tiempo una cierta forma de erotismo sofisticado, muy gran público.
La pareja Belmondo-Natty fue durante muchos años un modelo envidiado. Él, gran señor, monstruo sagrado, eternamente joven y seductor. Ella, joven encantadora, consagrada con devoción a la felicidad del hombre de su vida.
Los años, la vejez, la enfermedad, comenzaron a causar estragos en 1999, cuando Belmondo fue hospitalizado repentinamente en un hospital de provincias, en Brest, víctima de un primer problema cerebral, en escena.
Dos años más tarde, en Córcega, Belmondo sufrió un «accidente vascular cerebral, inesperado», cuando pasaba unos días de vacaciones en casa de un cómico, viejo amigo del alma, Guy Bedos. Ese accidente no impidió la boda de Belmondo y Natty Tardivel, el 29 de diciembre del 2002, en la alcaldía del distrito VI, frente a la iglesia de Saint-Sulpice, donde fueron bautizados el Marqués de Sade y Baudelaire.
La boda de Belmondo, a los 69 años, con una mujer mucho más joven, fue un acontecimiento mayor, acompañada la pareja por una banda de viejos amigos de una larga vida de complicidad. Un año más tarde nacía la pequeña Stella.
Los nubarrones del drama se aproximaban a vertiginosa velocidad. Rico, célebre, Belmondo comenzó a sufrir achaques de diversa índole, alejado de la escena y el cine, hasta hace meses, cuando Francis Huster le propuso ser el protagonista de una película que algo tiene de testamento: «Un hombre y su perro», que no se estrenará hasta primeros de 2009. Esa película cuenta la historia de un actor viejo, cansado, solo, acosado por la edad y la enfermedad.
Tras el «accidente cerebral» de 2001, Belmondo estaba visiblemente disminuido. El rodaje de «Un hombre y su perro» sufrió varios retrasos. Quienes han visto la película hablan de un «testamento». El divorcio, consumado con discreción, abre una nueva página en la vida del actor, el hombre de mundo, el mito, acosado por la soledad y la separación de su segunda esposa.
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