Las tensiones en el seno del Gobierno por causa de la inmigración son cada vez más patentes, pese al empeño del Ejecutivo por «maquillar» el hecho de que uno de sus compromisos electorales, el de la contratación de trabajadores en su país de origen, está en el alero a causa del imprevisto alcance de la crisis económica y del desorbitado incremento del paro. Lo que sólo el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, se ha atrevido a decir a las claras (que no hay otro remedio que cerrar las fronteras) lo desautorizó el pasado viernes la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, cuando reiteró que «en 2009 habrá las contrataciones en origen que se necesiten». Añadió que esa vía «se ha mostrado como una buena herramienta para lograr el objetivo de una inmigración legal y ordenada» y que, en consecuencia, el Gobierno «va a seguir en la misma línea». Y, ayer, en el gran mitin de la localidad leonesa de Rodiezmo en el que Zapatero eludió abordar este asunto, fue Cándido Méndez quien asumió el papel de «atizar» a Corbacho. Aseguró que en inmigración, el sindicato está en contra de «improvisaciones unilaterales» y «ocurrencias que debilitan el diálogo social», y expresó su temor de que estos mensajes sean aprovechados por el PP para proponer recetas económicas que «golpean a los trabajadores». Añadió que en esta materia hay que mantener «un discurso estable».
El miércoles, Corbacho había dicho que, dada la actual situación, habría que actuar para reducir los contratos en origen hasta que el año que viene «se aproximen al punto cero». Reiteró esta postura en una entrevista publicada ayer por «La Vanguardia» (que se ha interpretado como réplica al «tirón de orejas» de De la Vega tras el Consejo de Ministros) con un titular más que elocuente: «No tiene sentido buscar albañiles en Rabat si los de aquí están en paro». Aunque matice en esa misma entrevista que «coincido con De la Vega; en origen, la contratación que haga falta, pero ninguna que no sea necesaria», parece evidente que Corbacho no está dispuesto a embozarse tras el discurso de «todo sigue igual».
Sigue el drama en Canarias
Mientras, el drama de la inmigración ilegal no cesa: ayer falleció uno de los 118 ocupantes del cayuco que arribó el sábado a La Gomera, y llegaron dos nuevas embarcaciones a Lanzarote y Gran Canaria con 82 inmigrantes a bordo.