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«Hanna» para la reacción de Nadal
Domingo, 07-09-08
Antes que nada, hay que aclarar una cosa: Nadal no lo puede ganar todo, y menos a estas alturas de temporada con todo lo que ha conseguido. Eso es una cosa, y otra es que ayer, por todo lo que pasó con anterioridad y durante, Nadal no fuese el de otras ocasiones. La organización le tuvo para acá y para allá durante toda la mañana. No se sabía si iba a jugar después de Federer, si iba a jugar siquiera o si le iban a meter en la Armstrong a las doce, doce y media o una. Claro que a Murray le pasaba lo mismo, pero a quien tiene poco que perder eso le da igual. A Nadal, que necesita mucha más concentración que el resto de tenistas, estas cosas no le gustan. Y los aviones, que no paraban de pasar por encima de la pista, tampoco eran de recibo. Además, Rafa se había enterado hacía pocas horas de que una cámara de televisión había rodado a su hermana, presente en Nueva York, paseando por Central Park, lo que no le gustó un pelo. Montó en cólera y el asunto en sí le sacó de sus casillas.
Por unas causas o por otras, lo cierto es que vimos al peor Nadal de los últimos tiempos, parado, plomizo, sin chispa (algo que ya había advertido él estos días atrás) y sin la reacción necesaria para afrontar a un Murray que es un buen jugador. Andy se ha aupado en este torneo al número cuatro del mundo con un tenis muy maduro. Ayer supo alternar el juego aprovechando la falta de frescura de Rafa, que no llegaba a bolas que en otro momento habría alcanzado sin mayores problemas.
Partido irrespirable
Ese cansancio mental del español llevó a Murray al 6-3 del primer set y a mantenerse firme en el segundo a pesar de que Nadal subió un poco su ritmo de juego. Sacó muy bien el escocés en el «tie break» de la segunda manga y el partido se puso irrespirable para Rafa, más por su propio juego, escaso, lento y pesado, que por el de Murray, simplemente bueno, sin hacer excesos. El británico sacaba bien y le corría mucho la bola de derecha, alternando el juego, pero eso no habría sido obstáculo para un Nadal en plenitud. Y aún así, con un tenis primario, medio frenado, el español le echó los redaños de siempre. Rompió el saque del escocés en el primer juego del tercer set y siguió luchando contra el rival y, sobre todo, contra sí mismo y su paupérrimo juego.
Andaba el español 3-2 y creciendo un poco en su ritmo, metiendo algunas bolas buenas, forzando al escocés, que veía cómo le subía y bajaba la nuez. Murray es muy buen jugador técnicamente, pero físicamente es limitado. Con Rafa ascendiendo y él acogotado, lo hubiera pasado fatal. Por eso la lluvia le vino de perlas, porque es un jugador que se suele venir abajo si le aprietas.
Pero la falta de previsión de la organización, por no poner el segundo partido a su hora desde un principio, vino a socorrerle. Después de dos horas y un minuto de partido, la tormenta tropical «Hanna» apareció sobre el cielo de Flushing Meadows. El juez observó las gotas, aún producidas por la humedad más que por la lluvia, y paró el partido porque las líneas estaban resbaladizas y peligrosas.
Mientras, fuera del estadio se había montado un escándalo mayúsculo porque a los espectadores del partido de Federer no les dejaban entrar en la pista de Rafa a pesar de que estaba medio vacía. Gritos, protestas y un lío tremendo mientras que la lluvia, esta vez sí, tremenda, descargaba sobre las pistas. Después de media hora de paro, los organizadores se vieron obligados a claudicar: pasaron el partido de Rafa a hoy y también la final de las chicas. Eso obliga a que la final masculina se juegue, seguro, mañana. Y todo por su indecisión, por no poner el partido de Nadal a las once. Habrían tenido más opciones de acabar.
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