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Sábado, 06-09-08
Andy Murray, el rival de Nadal hoy en la semifinal del Open USA, ha tenido una existencia un tanto turbulenta. Cuando tenía ocho años vio marcada su vida cuando en el colegio en el que estudiaba entró un pistolero armado hasta los dientes disparando a todo lo que se movía. Fue la famosa matanza de Dunblane en la que murieron 16 alumnos y una profesora. Andy se salvó sólo porque consiguió meterse debajo de una mesa en el despacho del director. El escocés dice que no se acuerda de nada, pero algún circuito se le debió fundir en el lance porque desde entonces no ha parado de meterse en charcos.
Siempre ha sido un jugador muy apegado a Escocia y lejano a Inglaterra y de hecho pasa más tiempo entrenándose en Miami que en Londres. Aún llegó más lejos cuando en el pasado Mundial de fútbol de Alemania le hicieron una entrevista con ocasión del Paraguay-Inglaterra. El locutor le preguntó que quien prefería que ganara y a Andy no se le ocurrió decir otra cosa que «yo siempre voy contra el que juegue Inglaterra. De hecho, me he comprado la camiseta de Paraguay». En el Reino Unido se montó tal escándalo que el jugador, asustado, tuvo que dar marcha atrás diciendo que era una broma.
Caprichos por doquier
Tenísticamente siempre ha sido un jugador ambicioso. En una visita a España vio a Nadal entrenándose con Moyá. El escocés reaccionó como un terremoto: «Mamá, mamá, mira a Rafa, que se está entrenando con un número uno y yo no, yo tengo que entrenarme con el paquete de mi hermano».
No fueron palabras textuales, pero casi. Así que la madre, que le lleva los papeleos, publicidad y demás, habló con la Federación inglesa que, por cierto, le paga todos los caprichos posibles y no posibles. El jugador acabó entrenándose dos años en Barcelona, pero no aprendió español y apenas es capaz de entenderlo. Eso sí, un día vio un Fórmula 3 en Valencia, dijo que quería montarse a pesar de no tener carné de conducir y en la primera curva se le olvidó que hay que girar el volante y lo estrelló contra un muro destrozándolo. Su hermano, Jamie, buen jugador de dobles y un desastre en individuales, tampoco le ayuda mucho. Un día, en otra entrevista televisada, no se le ocurrió otra cosa que decir que su hermano estaba entrenándose en Miami para disputar un torneo. No habría pasado nada si no fuese porque el día anterior Andy había dicho que no podía jugar la Copa Davis con su país porque estaba lesionado. Otro follón más en su haber.
Y para colmo, también en Nueva York ha sacado la sin hueso a pasear cuando ha dicho que el torneo que más le gusta es el US Open. Le preguntaron por Wimbledon y dijo: «Bueeeeno, tampoco está mal, pero a mí me gusta este». No le falta razón. Aquí está jugando bien, la superficie se adapta a su tenis, está sabiendo alternar el ritmo y saldrá del torneo como cuatro del mundo.
El mismo Nadal reconoció sus progresos: «Lo está haciendo muy bien. Le he visto sacando con un buen porcentaje, alternando el juego y pegándole muy bien de derecha».
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