Viernes, 05-09-08
El consejo de gobernadores del Banco Central Europeo (BCE) decidió ayer dejar el precio oficial del dinero de la Eurozona en el 4,25%.
Manteniendo los tipos en su nivel más alto de los últimos siete años, por quinto mes consecutivo, el BCE recoge el sombrío sentimiento general ante la ralentización económica, sin olvidar la estabilidad de precios que tiene encomendada. Sobre ésta, la inflación sigue manteniendo una presión alcista preocupante por la energía y los alimentos.
El presidente del banco alertó en Fráncfort sobre los elevados niveles de inflación persistentes y rebajó al tiempo la previsión de crecimiento de la zona euro en cuatro décimas frente a la estimación semestral de antes del verano. El BCE espera que la región crezca ahora entre un 1,1 y un 1,7% (frente al 1,5-2,1% anterior) y aún menos en 2009: entre un 0,6 y un 1,8%.
Trichet argumentó que el consejo de gobierno había decidido por unanimidad los tipos actuales, considerando que contribuirán a mantener la estabilidad de precios en la zona. Con un trimestre alemán de estancamiento y sendas crisis agudas en Reino Unido y España, el Banco de Inglaterra decidía también mantener el tipo para la libra, en el actual 5%.
La economía de la zona ha caído un 0,2% en el segundo trimestre, siendo la primera contracción desde la puesta en marcha de la unión monetaria en 1999. En su informe, la Comisión Europea ha señalado como causa la caída a las inversiones y al consumo de los hogares. Las reacciones ayer del índice alemán DAX, como de otras bolsas europeas, acusaban la preocupación con caídas, y el euro cayó a la cotización menor frente al dólar de los últimos siete meses.
Trichet negó que el banco paneuropeo tuviera una predisposición en su política monetaria, lo que hace interpretar a algunos análisis que habrá alteraciones inmediatas. Agregó que consideraba más alto el peligro inflacionista que la inyección de dinamismo que supondría una rebaja de tipos. La inflación de la zona podría ser de un 3,4% en 2008, la mayor desde la introducción de la moneda y muy por encima del objetivo promedio de un 2%.
Observadores financieros interpretaban, sin embargo ayer, la contención del BCE en los tipos, como un signo de esperanza de que la estrechez en el mercado monetario por el nivel general de tipos -salvo en el caso de Japón- pudiera tocar pronto a su fin por el creciente temor de recesión occidental. No sólo no parecen prever nuevas subidas sino que sueñan con un aflojamiento tal vez para final de año. Pero el gobernador del BCE dijo confiar en la resistencia de la economía del euro, que se verá sostenida por la pujanza de compra e inversión de las emergentes, ajenas a la crisis. Observadores vieron sin embargo un mayor énfasis de Trichet en la evolución de la economía que en la cita anterior.
Pero el balance de Trichet volvió a ser muy serio, al mantener unos «riesgos de aumentos en los precios de la energía y de los alimentos, que podrían lastrar el consumo y la inversión», alertando contra toda evolución salarial alcista.
Dijo que el gabinete de estudios del banco habría observado ya en los precios la materialización de efectos de segunda ronda, en aquellos países de la zona que han ajustado sus aumentos salariales a la subida de la inflación. Un informe publicado ayer en París hacía ver que italianos, franceses, alemanes y españoles serían los europeos que más dicen haber sufrido la pérdida de poder adquisitivo en los últimos tres años.
También hubo espacio para críticas al BCE por parte de analistas, como el economista jefe del primer banco alemán, Deutsche Bank, quien acusó al Banco de haber «sobrevalorado las fuerzas crecimiento e infravalorado tanto la crisis petrolífera como la financiera».
Thomas Mayer agregó que en su opinión el índice de precios habría tocado techo y ya sólo podría reducirse. Trichet consideró, por su parte, que la inflación caería a final de año a un 3,4-3,6%; en 2009 rondaría un 2,3-2,9% y en 2010 volvería a ser controlada en el objetivo del 2%.


