
Domingo, 31-08-08
La Vuelta sale de un hotel de cinco estrellas, el Nazaríes, en Granada, sede de la organización de la carrera. Una burbuja de aire acondicionado que da cama a Contador y Valverde. Ayer, el hall era un cruce de caminos y manos. Por allí pasó Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte. Venía de Pekín, de los Juegos, de las cuatro medallas del ciclismo y el lío de EPO con Maribel Moreno. «Pillé un «globo» tremendo con eso», recalca. Ya ha contactado con el Ministerio de Interior para cercar la trampa en el deporte. «Para acabar con las tramas que hacen negocio con el dopaje». En Pekín le cayó encima el positivo de la corredora aragonesa. En la Vuelta, dice, hay «aire fresco». «Se nota -apunta- un cambio de cultura entre los ciclistas».
Cambio hay. La Vuelta es ahora una sucursal del Tour. La sociedad Amaury Sport, propietaria de la Grande Boucle, es accionista (49%) de la ronda hispana. Ha comprado a la baja. La Vuelta lleva años cotizando a ras de suelo. Con la irrupción del Tour, la prueba española se asegura el respaldo del dueño del ciclismo. Se convierte, al tiempo, en un escaparate para la entrada de patrocinadores del Tour.
En manos francesas
La carrera es española, la gestión comercial será francesa. Un producto más del Tour. Acabar en manos de la Grande Boucle era el destino natural de una ronda debilitada por el descrédito. En la lista de protagonistas de las últimas ediciones figuran muchas esquelas deportivas: Aitor González, Sevilla, Santi Pérez, Hamilton, Heras, Vinokourov...
«Pero esta Vuelta será espectacular», confía Lissavetzky. Habla del año del ciclismo español: el Giro de Contador, el Tour de Sastre, el Dauphiné y la «Lieja» de Valverde, el oro de Samuel Sánchez, la coronación olímpica de Llaneras... «Estamos luchando contra la trampa», insiste. El laboratorio del Consejo Superior de Deportes (Madrid) ya detecta la CERA, la EPO que circulaba por las piernas de Riccó en el Tour. Claro que antes ya estaba el método en funcionamiento en el laboratorio de Barcelona. Allí, de hecho, se ratificó el positivo del ciclista italiano.
Ahora, la Vuelta ha invertido 300.000 euros en la lucha antidopaje. Se la juega. Tiene -salvo a Samuel Sánchez y Pereiro- la mejor parrilla de salida del ciclismo español: al ganador del Giro (Contador), al del Tour (Sastre), a Valverde, a una promesa como Antón y a velocistas como Freire, Bettini, Boonen o Bennati. Otro embrollo con el dopaje la enterraría.
Aparece el pasaporte biológico
Por eso, Víctor Cordero, director de la carrera, subraya el estreno aquí del pasaporte biológico (cartilla de salud que incluye los datos fisiológicos de cada deportista). La última lupa para descubrir la trampa. El Tour, ajeno a las reglas de la Unión Ciclista Internacional (UCI), no tuvo este arma. La Vuelta sí. Todos los participantes se han sometido ya a los primeros análisis. A cotejar con los realizados durante la temporada. Si en el organismo de alguno se reflejan variaciones sospechosas, se irá a casa. Por su salud y la de su deporte.
Por fin, tras un año de acúmulo de datos, la aduana antidopaje echa a andar. En la Vuelta sólo hay equipos con pasaporte. Y ciclistas que han estado localizados desde el invierno durante las 24 horas del día. Ese seguimiento ha costado casi 7.000 euros por cabeza. Todos los corredores que tomaron parte en la contrarreloj de ayer han pasado por ese embudo. Ajenos, en teoría, a las transfusiones sanguíneas, la EPO de primera, segunda y tercera generación, y las hormonas revitalizantes. Claro que ya se habla de EPO de cuarta generación. Degeneración. La lucha interminable.
El positivo de Maribel Moreno en los Juegos de Pekín -por su tremenda repercusión mediática- ha acelerado el proceso antidopaje en España. «Ella pasó seis controles previos, tres de ellos por sorpresa. No se entiende lo que sucedió», insiste Lissavetzky. Moreno sorteó sin problemas ese cedazo. La credibilidad de las carreras va en paralelo a la fiabilidad de los tests antitrampa.
Llegar hasta el final
«Queremos llegar hasta el final en este tema. España es un país moderno, con una gran imagen exterior. No se puede cometer una irresponsabilidad como ésa». De ahí, el «globo» que agarró el secretario de Estado. Dice que esto está cambiando, que se acabó el mal aliento, que entra «aire fresco». La expresión rima con la temperatura del hotel Nazaríes. Acondicionada. Aire artificial, como alguno de los podios de las últimas Vueltas. Toca cambio. De aires.



