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Sábado, 30-08-08
G. A. M. G.
TALAVERA. No es nuevo, pero sí cada vez más frecuente, el violento comportamiento de algunos grupos de jóvenes las noches del fin de semana, lo que se traduce en agresivas peleas cuando no francas agresiones, que para algunos son su motivo de diversión.
Recientemente trascendía la grabación realizada por Teletoledo de la agresión de una joven de nacionalidad china en plena calle por un grupo de chicas. No se trataba de una cuestión racista o discriminatoria. El grupo de jóvenes agresoras está perfectamente identificado por los demás usuarios de las zonas de diversión nocturna, y se sabe con certeza la dedicación de esta pandilla a fomentar peleas entre muchachos o protagonizarlas ellas mismas.
También hay grupos de hombres no tan jóvenes que se dedican en las discotecas o bares de copas al acoso de recién salidos de la minoría de edad. Exigen que les den un «trago» de su copa y en caso contrario les amenazan o incluso llegan a la agresión física.
Igualmente existen grupos con identificación ideológica, aunque por su naturaleza les sea imposible explicar el motivo de usar símbolos nazis o vinculados con la imaginería del rock duro. Les sirve de justificación para perseguir a chicos negros, asiáticos, hispanoamericanos, aunque su presunto racismo y xenofobia no haga ascos a darle una tunda a un nacional por ser gordito, flacucho, alto o bajo.
A todo ello se añade el consumo masivo de alcohol y drogas que tiene efectos variados, especialmente en conducción de vehículos de forma temeraria, como se puede comprobar cada fin de semana sin mayor esfuerzo en las distintas calles y avenidas de la ciudad
Una ley permisiva
La Ley del Menor y otras disposiciones normativas facilitan que muchas de estas agresiones provocadas se cometan impunemente. Entre otros aspectos, porque acortan la autoridad de la fuerza pública para actuar con eficacia, rapidez y solvencia. Por lo demás, salvo daños de gravedad, nunca llegan a ser denunciadas. Sin embargo, continuar ignorando estas situaciones y no afrontarlas con la finalidad real de atajarlas sólo puede aumentar el problema y agravarlo.
Es observable sin necesidad de hacer grandes investigaciones, el creciente uso de navajas entre los jóvenes, especialmente por los reseñados impunes grupos violentos. La práctica se va extendiendo también entre quienes les han sufrido, por temor que, engañosamente, creen suprimir llevando encima una de estas armas blancas.
Al mismo tiempo, la autoridad está mirando para otro lado en todo lo que se relaciona con el «botellón». El descontrol de esta práctica -que no se podrá suprimir por la simple prohibición- convierte esas masivas reuniones de jóvenes en el mejor mercado para traficantes de drogas y vendedores de alcohol a granel.
También son el lugar perfecto en el que los grupos violentos extraen a sus víctimas, mientras que no se valora tampoco lo fácilmente manejable que resultaría para grupos adiestrados el manejo de semejante masa abandonada su voluntad al alcohol y los estupefacientes.
Ni son nuevas en la historia reciente de Talavera las bandas de matones ni las reuniones festivas que ahora se llaman «botellón» como antes «guateques». Se diferencia en las formas, la falta de represión a los comportamientos violentos, y la vigilancia que los padres tenían en los bailes caseros y a la que han renunciado con el «botellón».
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