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Viernes, 29-08-08
La metástasis del cáncer de mama podría no ser una de las últimas fases de la evolución natural de la enfermedad. Quizá todo comience mucho antes, sin seguir el guión asumido en los últimos años. Y puede también que haya células sanas implicadas en esa cascada de acontecimientos que permiten al cáncer extenderse por el organismo. Esta revolucionaria hipótesis la lanza hoy un grupo de investigadores del centro oncológico Memorial Sloan-Kettering de Nueva York (EE.UU.) en la edición digital de la revista «Science».
Sus experimentos con ratones sugieren que la metástasis puede desencadenarse con la ayuda de células normales de la mama que viajan por el torrente sanguíneo en una fase temprana de la enfermedad hasta alcanzar el pulmón. En el nuevo órgano permanecen inactivas, en un estado latente, hasta que reciben la orden de crecer de forma agresiva y originan un nuevo tumor.
Katrina Podsypanina, directora del estudio, cree que esta teoría podría explicar por qué algunas pacientes con cáncer de mama sufren recaídas y aparecen focos en otros órganos, mucho después de que se haya tratado con éxito el tumor inicial.
Hasta ahora se asumía que para que una célula cancerosa emigrase e invadiera un tejido sano debían darse múltiples pasos. En ese largo viaje por el torrente sanguíneo, las células del tumor primario acumulaban distintas alteraciones que activaban genes cancerígenos. Todo para que al final del trayecto, las células tumorales se fijaran y colonizaran el nuevo órgano. Se asumía entonces que la metástasis debía ser el final de un proceso, un episodio tardío en la evolución de la enfermedad.
En este complejo puzle que es la metástasis, el equipo del Memorial Sloan-Kettering aporta una nueva pieza: el papel de las células sanas de la mama. Unas células inocentes que se extienden relativamente pronto en la enfermedad y se mantienen silentes en el nuevo órgano hasta que los genes cancerígenos las activan. Los investigadores inyectaron células de la mama no cancerosas que habían sido manipuladas previamente para activar a voluntad ciertos oncogenes. Con esa manipulación, los científicos podían «encender» estos genes que son capaces de transformar una célula normal en una maligna.
Cascada de acontecimientos
En el experimento se observó que las células de la mama eran capaces de viajar por la sangre hasta los pulmones y sobrevivir allí hasta 16 semanas sin activar los oncogenes. Sólo empezaron a crecer de forma agresiva y descontrolada en los pulmones hasta que se activaron los oncogenes. Una de las conclusiones de este trabajo es que las células normales de la mama poseen «propiedades inherentes suficientes» para dirigir una porción significativa de la cascada de acontecimientos que propician la metástasis.
En su artículo, los autores indican que debería evaluarse de nuevo cada paso del proceso, sin olvidar el papel que desempeñan las células normales. Sólo así creen que se podrán identificar nuevas estrategias para evitar la expansión del cáncer.
Oncólogos e investigadores saben que el día que se resuelva el complicado rompecabezas de la metástasis se podrá reducir drásticamente la mortalidad del cáncer. Los científicos del centro oncológico de Nueva York son uno de los grupos más potentes en este campo.
Nuevos tratamientos
Desde el laboratorio del Sloan-Kettering Cancer Center, el español Joan Massagué ha liderado investigaciones muy fructíferas. En este último estudio no ha participado. Pero sus trabajos han servido para identificar moléculas, genes y hormonas implicados en la propagación del cáncer de mama hacia dos de los órganos de destino «preferidos», el pulmón y los huesos. Estos trabajos han permitido iniciar ensayos clínicos con nuevas combinaciones de fármacos para luchar contra la metástasis. Cuando se hayan identificado todos los elementos implicados y existan medicamentos que interfieran en su acción se podrá controlar,
La metástasis hasta hace poco se consideraba un proceso cuya biología era tan complicada que no había por donde abordarla. Este tabú empieza a rasgarse, a medida que surgen estudios que desmitifican la extensión del cáncer como algo imposible de abordar. Las investigaciones que se acumulan permiten ser optimistas y pensar que se puede controlar.
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