Jueves, 28-08-08
Casi un cuarto de siglo. Veintiún años de presencia poética con uno de los recitales más sugestivos de España. Un pueblo volcado, en activo o en pasivo, ofreciendo su homenaje sincero a la eterna poesía.
Cada intérprete aportando su granito de arena, a su aire y estilo; pepita de oro muchas veces en quienes siendo ajenos a las reglas de la métrica, no lo son a las que concurren en exquisita y lírica calidad humana.
En este momento puntual de la vida cotidiana de Bargas, sin necesidad de manuales, todos entendemos perfectamente aquello de que el poeta nace y no se hace, así como la sentencia lapidaria que Ovidio expresara en los versos sublimes de los «Fastos» y en el «Arte de amar»: «Un dios vive en nosotros».
Decía Don Quijote que «la poesía es hecha de una alquimia de tal virtud que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio». El precio, en nuestro caso, de la espontánea sinceridad.
Más de veinte personas, incluyendo a los ganadores del XXX Certamen Literario 2008, leerán sus poemas en el XXI Recital de Poetas Bargueños que tendrá lugar la noche del próximo día 30 en la Plaza de la Constitución de la poética villa de Bargas. Previamente descubriremos en el mismo entorno urbano, que es donde radica su casa, una placa conmemorativa in memoriam de nuestro querido poeta, recientemente fallecido, José Luis Téllez de Cepeda. Con el texto «Aquí nació y vivió un poeta bargueño» expresamos, como en el doloroso caso concreto, nuestra inmensa solidaridad y cariño hacia aquellos compañeros que nos van precediendo en el viaje sin retorno que lleva a las almas al reino de la eterna poesía. Descanse en paz nuestro gran vate amigo.
El acto se cerrará con el broche diamantino de nuestro «Poeta invitado», en este caso poetisa en la ilustre persona de Beatriz Villacañas Palomo, hija y digna heredera poética del vate toledano por antonomasia Juan Antonio Villacañas.
Primo del gran Juan Antonio de Pedro Bargueño y ante la presente realidad literaria de la doctora en Filología Inglesa Beatriz Villacañas, y por las divinas migajas líricas que a todos los vecinos de este pueblo nos pueden corresponder, cabe la trascendencia de un interrogante:
¿Acaso en las tierras que aquí poseyera la familia de Garcilaso de la Vega, quedó la semilla inmortal de la poesía? Quizá la respuesta, oh Beatrice, nos la da Shakespeare al decir que «cuando la hermosura es el abogado, todos los otros oradores enmudecen».

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