Domingo, 24-08-08
S. N.
LA CORUÑA. «Me explicaron que mi hijo entró en la base y dijo: «Yo con el avión así no vuelo». Pero los mecánicos lo revisaron y le dijeron que todo estaba arreglado». En una entrevista publicada ayer por «La Voz de Galicia», el segoviano Víctor García, padre del comandante fallecido en el trágico vuelo del «Sunbreeze», relata los antecedentes del despegue, que acabó en una de las páginas más negras en la historia de la aviación española. Tras conocer lo que le había pasado al avión que conducía su hijo y recién llegado al hotel Auditorium de Madrid, se enteró de las reticencias del piloto, Antonio García Luna, tras un primer intento de despegue frustrado. Las palabras de los mecánicos convencieron finalmente a Antonio, que según el relato de su progenitor nunca le había manifestado reparos en torno al estado de los aparatos de Spanair: «Nunca se había quejado de nada. Estaba contentísimo con su trabajo y con la compañía. Era un apasionado de lo suyo. Le encantaba volar».
Usain Bolt corría su segunda final (200 metros) de los Juegos Olímpicos de Pekín, en el momento en que Esperanza, hermana de Víctor y tía del piloto, contactó con él. «Estaba viendo la final cuando me llamó mi hermana Esperanza. Me dijo que un avión estaba ardiendo en Barajas». En un primer momento nada temió por su hijo, al que situaba en cualquier otro rincón del país: «Supuse que estaría en Mallorca o en Galicia, porque volaba mucho allí. En cualquier parte, menos en Madrid».
Para quedarse más tranquilo, el progenitor agarró el teléfono y marcó el prefijo de Mallorca. Estaba llamando a la casa de su nuera, Margarita. Le contestó la madre de ésta, que confirmó lo peor: Antonio era el comandante del vuelo. «Me dijo que les habían llamado de Spanair para explicarles lo que había pasado, pero que les habían dicho que la tripulación estaba bien, aunque seguían angustiados porque él no les había llamado para que no se preocuparan», relata. Con extraordinaria compostura, Víctor puso en lo peor a la suegra de su hijo, y pidió que no pusiese sobre aviso a su nuera: «Yo sabía que lo de que estaba bien era mentira, porque había visto por la tele cómo alguien de los equipos de socorro contaba que el comandante estaba muerto. No me atreví a decírselo a Margarita y sólo se lo conté a su madre, pero le pedí que por ahora no dijera nada, hasta que lo confirmaran».
Tras conocer lo sucedido, el padre del comandante decidió salir, sin esperar confirmación oficial alguna, para Madrid. En el hotel conoció los pormenores de la tragedia, hablaba con familiares de los tripulantes y constataba que la compañía no estaba contando toda la verdad a los afectados: «A la madre de una azafata le aseguraron que su hija tenía solo unas magulladuras. Al final, también estaba muerta. Hasta la noche no supimos lo que había ocurrido», confiesa.
Padre de tres hijas, tras su formación comenzó a servir en la base militar aérea de San juan, en Palma de Mallorca. Allí, Antonio conoció a Margarita, con la que tuvo tres niñas: Lucía (cuatro años), Isabel (siete) y María (nueve). Ésta, relata su abuelo, preguntaba el pasado jueves a su madre: ¿«No se habrán equivocado y papá estará dormido?».

