Actualizado Domingo, 24-08-08 a las 09:26
«Al final, esto tenía que ocurrir algún día», <MC>fue el primer pensamiento de David Erguido, primer teniente alcalde de Algete y presidente del Observatorio Municipal del Ruido y para la Inseguridad Provocada por el Sobrevuelo de Aviones en Barajas. «Si el avión se hubiera precipitado un par de kilómetros más adelante, podría haber caído sobre alguno de los núcleos de población de Algete, y la catástrofe habría sido mucho mayor». David, junto a otros muchos representantes de los pueblos que rodean el aeródromo, lleva casi 15 años denunciando el ruido provocado por el tráfico aéreo y el riesgo generado porque los aviones vuelen a poca altura sobre sus municipios. Tras el accidente del avión de Spanair, las reivindicaciones parecen haber tomado más sentido para ellos. «Esto iba a ocurrir», «no será la última vez que pase», «la gente está preocupada al ver pasar cada día cientos de aviones sobre sus cabezas», son las expresiones más frecuentes, pero la mayoría no parecen dispuestos a abandonar su lucha hasta que se cambien las rutas.
«Lo primero que pensé cuando me enteré del accidente y ví las imágenes es que esto tenía que ocurrir algún día, pero inmediatamente después me acordé de las víctimas y los familiares», reconoce Erguido, tras lamentar el accidente.
Más de 500.000 personas viven cerca de Barajas, uno de los aeropuertos más grandes de Europa, pero, sin embargo, uno de los que más cerca se encuentra del centro de una gran ciudad. Esto hace que sus vidas resulten, según describen muchos, «un infierno».
«¿Qué hubiera pasado si...?»
«Los pueblos que rodeamos Barajas hemos sentido mucho el drama del suceso, pero a la vez la preocupación de ver pasar todos los días los aviones por encima de nuestras cabezas. “¿Qué hubiera pasado si...?” es una pregunta que nos haremos muchas veces», comenta el alcalde de San Fernando de Henares, Julio Setién Martínez, quien reconoce que, tras la tragedia vivida, «no es el momento de ponerse a reivindicar, pero sí de reflexionar sobre las rutas aéreas o la construcción de otro aeropuerto que no se encuentre tan pegado a los núcleos urbanos».
«El accidente lo confirma»
Setién —para quien «las poblaciones cercanas al aeropuerto son más sensibles a este tipo de catástrofes»— asegura que por parte de AENA y la Dirección General de Aviación Civil (encargada de velar por la seguridad de las operaciones aéreas y todo lo relacionado con los vuelos) tendría que existir «más rigor en las operaciones de vuelo y la revisión de los aviones. El accidente confirma que Barajas es una amenaza real para nuestras poblaciones».
Erguido no se considera un visionario, pero reconoce que lleva hablando de este riesgo muchos años, y del «miedo que realmente tiene la gente». «El accidente del miércoles debería ser suficiente para que el Ministerio de Fomento se tomara más en serio el aeropuerto y se esforzara en llegar a los máximos de seguridad».
Como casi todos los que llevan años protestando por esta situación, Francisco Pérez, presidente de ACOR (Asociación contra el ruido), también cree que no sólo hay riesgo para los pasajeros, «también para las personas que viven cerca de las pistas y los corredores de despegue y aterrizaje».
Llevan años viviendo con el ruido de los aviones y protagonizando protestas que han caído en saco roto. Muchos, incluso, optaron por marcharse, como Emiliano Pablos, que en octubre del año pasado decidió dejar el barrio de Las Castellanas de San Fernando de Henares. «Los aviones pasaban tan cerca que hasta podíamos verles la matrícula y oler el combustible», contaba entonces a ABC.
Las reivindicaciones comenzaron alrededor de 1994; sin embargo, los avances son calificados por Pérez de «escasos». «No entendemos cómo no se produce un cambio más claro en la ruta de los vuelos o un cambio del aeropuerto a una zona menos habitada—defiende— como ya se planteó con Campo Real». «Un accidente como éste pasa una vez entre un millón, pero es mejor prevenir que curar, por eso los ayuntamientos planteamos un cambio de rutas», añade.
Volando por zonas protegidas
Pedro López, de la Plataforma de Afectados por el Ruido de Aviones de Tres Cantos, vive a 400 metros de la ruta del avión de Spanair accidentado, la radial 322. Lleva mucho tiempo denunciando ante AENA que dicha ruta pasa por encima de un colegio (King´s College) y atraviesa una ZEPA (zona de especial protección de aves) donde viven y anidan águilas imperiales y buitres, entre otras especies. Nunca ha encontrado respuesta a sus quejas.
«La ley dice que los aviones deberían pasar a 2.000 metros de altura sobre las ZEPA, pero aquí entra en esta a 300 y sale a 600, por lo que las maniobras son completamente ilegales», dice López, quien teme que una de esas aves de gran tamaño muertas caiga algún día sobre alguno de los niños del colegio. «No es la primera vez que un buitre choca contra un avión al pasar por esta zona». Según el presidente de ACOR, «varios aviones han impactado contra grandes aves, lo que ha producido, además de su muerte, daños en los aparatos, que se han visto obligados a verter unas 30 toneladas de queroseno, en cada operación, para poder regresar a Barajas y realizar aterrizajes de emergencia, pero AENA nunca informa de ello.
En su desesperación, Pedro ha llegado a enviar cartas a la Casa Real o al Ministerio de Fomento, denunciando que dichas rutas están causando «graves problemas a los ciudadanos y un gran daño medioambiental». Según Pedro, la ruta a su paso por la ZEPA se ha convertido en una «vía de exterminio» de aves protegidas y un «grave riesgo» para la gente.
Soluciones
Para el teniente alcalde de Tres Cantos, las soluciones podrían pasar, en primer lugar, por una revisión de los corredores de despegue y aterrizaje, «con el objetivo de alejar los aviones de núcleos urbanos como el de Algete, que está afectado por más de siete rutas que generan inseguridad, ruido y molestias. Y en segundo, por obligar a todas las aeronaves que operan en Barajas a usar un sistemas de navegación precisa como PR-NAV, pero eliminando el margen de tolerancia de una milla náutica que tienen, y con el que «se desvían de su ruta sin miedo a sanciones».
Son casi 15 años de lucha, de cortes de carretera, de manifestaciones, de reuniones con representantes políticos, de cartas al ministro de Fomento y... «escasos» avances. «La alcaldesa me contó que el día de la Virgen de Carmen, por la noche, pasó un avión rozando su casa, en la urbanización Valderrey, y los platos temblaron sobre la mesa», recordó Erguido, acostumbrado ya a que le cuenten estas historias.

