Sábado 10, octubre 2009 - Últ. actualización 9:18h
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Domingo, 24-08-08
AWilliam Shakespeare le gustaría. Ver las tramas de sus obras maestras adaptadas a la estética del arte manga japonés, y a sus personajes más famosos como siluetas rasgadas y ligeramente andróginas, casi escapándose de los recuadros en los que están pergeñadas, mientras balbucean en los bocadillos la frase más célebre de la literatura universal: «Ser o no ser...»
Eso, por lo menos, cree Emma Hayley, directora del sello editorial SelfMadeHero en Londres y principal responsable de la última y más radical «reinvención» de la obra del Bardo. «Yo creo que a Shakespeare le gustaría -sostiene Hayley- porque él era un «entertainer» por excelencia. Él trabajaba para el escenario, que era el gran espectáculo de su época».
Aunque ésa no es la cuestión, en realidad. La idea -ya probada a menudo en el pasado- era «hacer los clásicos accesibles a las generaciones más jóvenes», cuenta Hayley, que ha sido premiada este año como la «editora joven de 2008» en el Reino Unido por la publicación de la serie «Manga Shakespeare», el proyecto estrella de SelfMadeHero. El otro es «Eye Classics», dedicado a la adaptación de otros autores consagrados como Oscar Wilde, Fiódor Dostoievski o Franz Kafka al formato de la novela gráfica de tradición occidental, el cómic americano.
El pistoletazo de salida lo dio en marzo de 2007 la publicación en versión manga de «Hamlet» y de «Romeo y Julieta», una de las obras preferidas para las «relecturas» modernas de Shakespeare. Por ejemplo, en el célebre filme de Baz Luhrmann de 1996 -protagonizado por Leonardo DiCaprio y Claire Danes-. Como en la versión para el celuloide de Luhrmann, ambientada en los sórdidos suburbios de Los Ángeles, el manga traslada la acción a un lugar radicalmente distinto. En este caso, la psicodelia del Tokio contemporáneo, donde la pareja de amantes prohibidos son miembros de dos familias de la mafia «yakuza» enfrentadas.
Éxito contundente
El éxito llegó inmediatamente en forma del reconocimiento de la Asociación de Bibliotecas Americanas (premio al mejor libro para adolescentes) y de la Biblioteca Pública de Nueva York (premio al mejor libro juvenil), así como, sobre todo, por la aceptación multitudinaria del público más joven en el Reino Unido. Un poco después echó a andar el engranaje para la producción en cadena de la nueva era shakespeariana: «La tempestad» y «Ricardo III» se publicaron en septiembre del año pasado; «El sueño de una noche de verano» en febrero de 2008, así como «Macbeth» y «Julio César» hace dos meses; en noviembre verán también la luz «Otelo» y «Como gustéis», la octava y novena entrega de la serie; mientras tanto, las tiras cómicas de «Eye Classics» lanzaron su versión posmoderna de los cuentos de Edgar Allan Poe en octubre de 2007, al que ha seguido adaptaciones de Kafka, Bulgakov, Wilde y Dostoievski.
Mercado en Japón
«Tenemos también un gran público en Japón», dice Hayley respecto al creciente interés por las obras del Bardo en manga, que empiezan a encontrar seguidores en países como Alemania o Francia en el continente -bastiones del reciente «boom» de la novela gráfica en Europa-, pero también en los mercados asiáticos, en lugares como Singapur o Malasia. «Y no nos lo esperábamos, en realidad, porque nosotros creíamos que publicábamos sobre todo para el mercado occidental -añade-. En Japón hay muchos estudiosos que están fascinados con el proyecto, incluso para estudiar a Shakespeare en la universidad. A mí todavía se me hace un poco extraño todo ese tratamiento académico de cómo ha evolucionado la idea». El éxito del manga -nombre acuñado de la palabra japonesa para «garabato»- está íntimamente ligado al ascenso de la novela gráfica, que ha entrado al Olimpo de las artes en los últimos años. «El manga se ha convertido en un producto para todos los públicos», dice Paul Gravett, un investigador londinense que, con numerosas publicaciones sobre el manga y el cómic, ha contribuido a su reconocimiento como género artístico. Un poco a la manera como el término -de innegables tintes académicos- de «novela gráfica» ha ayudado a que el nuevo arte deje de ser el «cómic» a secas, sin casta ni abolengo.
El mercado para el manga, señala Gravett, se ha duplicado en los últimos cinco años sólo en el Reino Unido. Y, por el momento, las primeras entregas de «Manga Shakespeare» ya han sido traducidos al italiano por la editorial Rizzoli. Para el próximo año, apunta Hayley, deben aparecer las primeras versiones para el mercado español.
La decisión por el medio del manga para la nueva adaptación del dramaturgo inglés fue consciente, señala Hayley, que trabaja en su proyecto casi exclusivamente con dibujantes e ilustradores británicos. «El manga es una forma muy visual y tiene una calidad particular en el campo de la novela gráfica -señala-. Porque es más dinámico, cobra realmente vida en la página. En cambio, la novela gráfica occidental es más estática. El manga era el enlace perfecto entre un texto lineal y la «performance»», propia de los dramas de Shakespeare.
Los desafíos
SelfMadeHero trabaja con distintos artistas para intentar encontrar el estilo idóneo para cada obra -cuya adaptación tarda, en promedio, unos seis meses-. Para la reciente publicación de «Macbeth», por ejemplo, recurrieron a Robert Deas, uno de los rostros nuevos en la escena del manga británico. Cada trabajo implica una «búsqueda» de la estética adecuada, señala Deas, que quería ilustrar el mundo del guerrero escocés con paisajes desolados y cierto toque de hecatombe posnuclear. «Probé con la imitación consciente de los escenarios de «Mad Max» y de «Gángsters de Nueva York»», señala, antes optar por los guerreros samurai en un Japón futuro, en ruinas.
«El principal desafío», dice Hayley, «era la labor de adaptación al otro medio». Los editores de las obras del Bardo simplifican los originales, cuando es necesario; como el famoso monólogo de «Hamlet», reducido en la adaptación de la dibujante Emma Vieceli a unas cuantas frases y dotado, en contrapartida, con un doble del príncipe, símbolo de su personalidad escindida. «Para nosotros no era tan importante conservar el lenguaje, ya que teníamos que modernizarlo. Al reinterpretar a Shakespeare necesitábamos adaptarlo al soporte que utilizamos».
Por ello, concluye, no teme a las críticas, que la acusan de distorsionar y simplificar la obra del gran dramaturgo inglés. «Shakespeare ya ha sido reinventado muchas veces para el teatro y para el cine, por ejemplo, ésta es sólo una adaptación más». Lo dice con certeza, convencida quizá, de que al Bardo de Avon le encantaría desde luego el manga.
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