Lunes, 18-08-08
TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN
La diferencia entre los ases y los deportistas normales es que los grandes marcan la diferencia cuando la gloria lo exige. Rossi demostró en Brno que es el dios del Olimpo del motociclismo. Si en Laguna Seca derrotó a Stoner con una pelea de guadaña, en la República Checa no pudo frenar la arrancada del australiano, pero le presionó hasta hacerle rodar por los suelos. Valentino es el único piloto que pone nervioso a Casey. La caída del oceánico entregó la victoria y prácticamente el título al italiano, que ya puede especular durante las seis carreras restantes en cómo administrar los cincuenta puntos de margen que coronan su liderato. Rossi, como Phelps, vuela camino de la octava medalla.
El gran premio de MotoGP se decidió en siete vueltas, las que duró la verticalidad del actual campeón del mundo. Herido por la batalla de Laguna Seca, el número uno actual corrió deprisa, deprisa, demasiado, para evitar el rebufo del bambino, sabedor de la superioridad del heptacampeón en el cuerpo a cuerpo. Ahí fraguó su fracaso. Su accidente. El número cuarenta y seis es el único «jinete» que puede amenazarte durante veinte vueltas al mirar por el «retrovisor». El líder de Yamaha se mantuvo siempre a un segundo de distancia y el pupilo de Ducati no aguantó más. Se rindió y abrió el paseo militar de su enemigo.
Toni demuestra su valía
Solventada la pelea por el oro de la temporada, Elías protagonizó la atracción por el podio checo. El español rodó por fin como una bala -la Ducati satélite- porque la casa le inyectó piezas y evoluciones de la moto de Stoner. Ya era hora.
Toni arrancó con problemas desde la decimotercera plaza -la máquina se le caló- y finalizó en el segundo puesto después de una progresión espectacular en la que superó a otros rivales con neumáticos Bridgestone, dominadores del gran premio. A todos les adelantó de la misma forma, con interiores que evidenciaban la calidad que atesora el manresano. Una clase puesta en duda por su falta de rendimiento en la segunda escudería roja. Un talento que siempre ha sacado cuando recibe soluciones mecánicas. Ayer dejó boquiabiertos a Guintoli, a De Angelis, a Nakano, a West, a Vermeulen, a Hopkins y finalmente a Capirossi. Una preciosa actuación que tuvo como colofón el «doblete» realizado a Hopkins y a «Capirex» en la misma curva.
Su éxito contrastaba con el desastre de Pedrosa, de Lorenzo y de los profesionales de Michelin en general. Dani sumó un punto. Lorenzo reaccionó al final y fue el segundo clasificado de Michelin -décimo-, tras Dovizioso, triste líder de los jinetes «M». Del coro de lamentos. Edwards ya dijo que hasta Stevie Wonder vería mejor los neumáticos a elegir.
Debón triunfa en un final épico
Cánticos de alegría suscitó Debón en la carrera de 250. Derrotó al eterno rival español, Simoncelli, en una última curva que estudió con acierto durante veinte giros. Cuarenta minutos en los que ambos se relevaron en cabeza. Cuarenta minutos en los que comprobó la debilidad de Marco en dos zonas en las que se abría demasiado. Una de ellas era la curva definitiva. Llegada la hora de la verdad, el castellonense realizó un sensacional ataque y el italiano se quedó tan sorprendido que también perdió la segunda posición, pues Bautista tenía preparada la misma estrategia que su compatriota. Álvaro alcanzó el segundo cajón después de otra remontada «made in Talavera». Barberá, cuarto, rubricó la exhibición hispana.
Un recital ofreció Stefan Bradl (Zahling, 29-11-89), hijo del inolvidable Helmut, en la categoría de 125. El primer triunfo del alemán en el Mundial. Di Meglio, líder del campeonato, se bebió el segundo cava. Olivé recibió el tercero. Era la cuarta bandera española del día. La pica la puso Rossi.



