Domingo, 17-08-08
Van a otro país en vacaciones pero no precisamente a descansar: su destino es el Tercer Mundo. Financiados por alguna ONG, por el Gobierno, o con dinero de su bolsillo, emprenden un viaje para ayudar a los más desfavorecidos. Es el caso de Alberto Lafuente, anestesista de 35 años en la Clínica Universitaria de Navarra, y de la barcelonesa de 24 años Laura Ferrero, quien está realizando una tesis doctoral en Filosofía y lleva desde el pasado 15 de julio en Chad. Pero, ¿qué les lleva a emprender su viaje?
«Como médico, la forma de ayudar es estando allí. Desde aquí puedes colaborar con una ONG, pero es algo puntual», explica Lafuente, quien tiene la suerte de que en su trabajo le apoyan «en todo». Si no, «sería imposible ir», asegura. Laura Ferrero, por su parte, duda más al exponer sus motivos: «Supongo que lo hago por vivir una experiencia que te lleve a comprender una realidad diferente. Y por ayudar, claro».
Dificultades
Con su labor se suman a los 17.515 misioneros españoles permanentes -el 90% religiosos- repartidos por el mundo, según datos de 2007. Pero colaborar no siempre es fácil. Ferrero cuenta que «Chad es muy inseguro. Aquí te asaltan «coupeurs de route», ladrones armados que disparan al conductor y roban -explica con sorprendente tranquilidad-. A veces, ir a un hospital situado a menos de un kilómetro de donde vivimos se convierte en una odisea».
Por ese motivo, el doctor Lafuente prefiere ir a zonas con presencia militar española. «Así es más sencillo colaborar», cuenta. Pero con o sin militares, la labor no es sencilla: «Hasta ahora íbamos con medios limitados y con pocas posibilidades de formación. Cada médico se busca la vida», explica. La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) está haciendo «un gran esfuerzo» para llevar mejores medios a estos lugares. De todos modos, Lafuente reconoce que «es increíble lo mucho que se puede hacer con tan poco».
Ambos han estado en más de un país colaborando. Ferrero en Etiopía, Sierra Leona y la India, «ayudando a los misioneros y cuidando niños». Lafuente en Pakistán -en el terremoto que costó la vida a 90.000 personas-, Indonesia y Afganistán, el tercer país más pobre del planeta. «Es duro -afirma-. En Pakistán todo estaba en ruinas. Cuando empezaba a oler mal debajo de las ruinas, escarbábamos: ahí podía haber alguien». En Afganistán el panorama no era mucho mejor. Allí realizaba «cirugías menores, curaba heridas por arma de fuego o bomba». El propio Alberto tuvo que salir corriendo en más de una ocasión por algún tiroteo y apenas descansaba. «Nunca dormí más de seis horas. Siempre había algo que hacer», comenta.
«Vale la pena»
Pese a las duras experiencias vividas, ambos coinciden en que colaborar vale la pena. «Te la juegas, pero da mucho», afirma Lafuente. «Allí aún no se han perdido valores, que en occidente han desaparecido por el individualismo, como la familia, la comunidad o la solidaridad», relata Ferrero. «No existen los antidepresivos -continúa- porque tienen cosas más importantes de las que preocuparse. Podría decirse que cuando estoy en África me ayudan más a mí que yo a ellos. Estás aquí y tu vida en Europa te parece insultante, ridícula».
Cuando se van al Tercer Mundo, Laura y Alberto dejan mucho en España: amigos, familia y pareja. Ellos padecen especialmente su ausencia. «Es clave que tu pareja te apoye -asegura el doctor Lafuente-. Mi esposa lo hace porque sabe que esto me encanta, aunque lo pasa mal». Por eso mismo, Lafuente entiende que el papel más duro lo desempeña ella: «Es la verdadera heroína», arguye. Ferrero también tiene pareja. «Mi novio respeta lo que hago -dice-. Incluso le convencí para que fuese conmigo a la India hace dos años».
Laura regresará a España a finales de agosto, pero «si el trabajo me lo permite, seguiré viniendo a estos países». El doctor Lafuente comienza sus particulares vacaciones este mismo mes. Aún no sabe si irá a Camboya, Sudán o Chad. Lo que es seguro es que volverá a ayudar. «Hacerlo -sentencia- es necesario».

