Domingo, 17-08-08
POR NATALIA ARAGUÁS
BARCELONA. Doce del mediodía de un jueves cualquiera, los profesionales del Centro de Atención Primaria (CAP) de Sitges se dan al fin un pequeño respiro. Antes han superado las primeras horas del día, cuando vienen «los que han pasado mala noche»: luego llegará la sobremesa y tocarán los percances playeros. «Insolaciones, quemaduras, problemas digestivos, picaduras de medusas y mosquitos, niños con otitis y chavales que se caen de la «scooter»» forman parte del menú del día en época estival, explica la adjunta de enfermería, Carme Pont.
Capítulo aparte merece la noche, más en fin de semana. Accidentes de coche, peleas y «la parte tóxica», entendida como excesos con las drogas y el alcohol, revisten de mayor gravedad a los atendidos. Puesto en cifras, los meses de verano se saldan con unas 30 consultas más por jornada, calculan fuentes del centro, que presta atención continuada: 24 horas, 365 días al año. Como refuerzo, se contrata a un único médico y a una enfermera más, que se suman a los 37 profesionales -auxiliares de clínica, administradores y celadores incluidos- que forman la plantilla el resto del año.
Las vacaciones del personal y las necesidades de una época tan intensa, sanitariamente hablando, se cubren con horas extra de aquellos que tienen a bien aceptarlas, como ya es norma general en el sector en Cataluña. Se hace lo que se puede, que no es poco, y los atendidos suelen irse contentos, al menos del trato recibido: el índice de satisfacción del CAP de Sitges en las encuestas es alto, destaca Asun Giménez, coordinadora de procesos de enfermería del Servicio de Atención Primaria de las comarcas del Garraf y Penedés.
En plena Costa Dorada, los servicios públicos de esta zona han tenido últimamente más quebraderos de cabeza que absorber el turismo. Sólo en Sitges, la población ha crecido más de 20.000 habitantes por año desde el 2006. En el 2008, ha recibido 23.013 nuevos vecinos, lo que supone un incremento del 3,01% de la población. Patrones similares se repiten en Cunit, Cubelles o Vilanova i la Geltrú, donde los barceloneses han huido a refugiarse de la imparable escalada de las hipotecas. Con el calor, llega gente con segundas residencias, jubilados y turistas. «Es un goteo continuo todo el año, que en verano crece», apunta Giménez. La población aumenta de manera exponencial, no así el número de médicos.
Falta de facultativos
En vacaciones, más de lo mismo, pero multiplicado. Los visitantes y sus emergencias no disuaden a los incondicionales del CAP, que se quedan en la ciudad y siguen asistiendo. Antes de la entrevista, un señor de una cierta edad, en fase de marcharse, para a Carme Pont y la saluda. Ya de paso, le comenta con familiaridad los resultados de unos análisis.
Sobre la falta de facultativos, Pont señala la contradicción de que se les exija para ingresar en la facultad un 8,6 de nota de corte. «Antes, una señora uruguaya me explicaba que en su país estudiar una carrera es gratis, gratis del todo, y que sobran los médicos», cuenta. Quizás de ahí el interés de la Generalitat de Cataluña en agilizar los trámites para homologar el título a los extranjeros... «Tenemos recursos, pero las plazas no se cubren», reflexiona Giménez.

