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Bush eleva el tono de la crítica pero no quiere otra guerra fría
Sábado, 16-08-08
El presidente norteamericano, George W. Bush, volvió ayer a incrementar cuidadosamente el tono de sus pronunciamientos sobre la crisis del Cáucaso exigiendo que Rusia deje de «intimidar y acosar» a Georgia. Bush insistió en que estas no son fórmulas aceptables para la política exterior del siglo XXI. Instó a Moscú a respetar la libertad y la integridad territorial de la «valiente» república de Georgia, a la que prometió defender y no dejar de lado. Paralelamente, Bush subrayó que Estados Unidos no desea una relación de beligerancia con Rusia y dio por acabadas las tensiones de la guerra fría.
«Para comenzar a reparar las relaciones con EE.UU., Europa y otras naciones, y para comenzar a recuperar su lugar en el mundo, Rusia debe respetar la libertad de sus vecinos», dijo el presidente. Y añadió: «Rusia es la única que puede decidir si volverá a encauzarse por la senda de las naciones responsables o decide perseguir una política que promete sólo confrontación y aislamiento».
Después, el presidente se fue a su rancho de Texas a iniciar sus postergadas vacaciones, en un intento, si no de quitar hierro la crisis, por lo menos de aparentar que está bajo control y en camino de la normalidad. Quizás lo más significativo del discurso del presidente norteamericano fue la constatación de que la «credibilidad» de Rusia ha quedado seriamente dañada. La crisis de confianza que ha estallado entre las dos naciones es enorme, y su efecto dominó en el resto del mundo es tan inmediato y tan intenso que no es de extrañar que surjan recordatorios de la guerra fría. Al presidente venezolano, Hugo Chávez, le faltó tiempo ayer para apuntarse a este carro y acusar a Estados Unidos de empezar bajo cuerda y adrede la guerra en el Cáucaso.
La prensa ha criticado a la Casa Blanca y el «Washington Post» se preguntaba: «¿La política exterior estadounidense sigue teniendo dientes?». Para el «Wall Street Journal», sin embargo, en Washingon nadie se atreve siquiera a concebir la posibilidad de actuar militarmente en Georgia. Pero el envío de aviones y barcos militares con ayuda obliga a Moscú a pensarse dos veces una nueva escalada bélica
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