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Jueves, 14-08-08
POR E. YUNTA
PEKÍN. Van cayendo como churros. El Cubo de Agua pasará a la historia como la piscina con más récords mundiales; será recordado como el escenario en donde se destrozaron más cronómetros con Michael Phelps como líder de una expedición de nadadores que vuelan. En cinco días de competición, y con cuatro por delante, ya se han mejorado 17 marcas mundiales. Hace ocho años, en Sidney, se fijaron 16 topes, mientras que en Atenas sólo siete.
La de ayer fue una jornada histórica. Se nadan en China las finales por la mañana por capricho de los yanquis, que son los que dominan el cotarro y los que, a base de talonario, invirtieron el clásico programa olímpico. Es supuestamente un contratiempo para los nadadores, a los que siempre les cuesta desperezarse. Para la lucha por las medallas, han tenido que invertir por completo el horario. Se acuestan cuando todavía hay sol y despiertan cuando aún no ha salido. Y de ahí que tenga doble mérito lo que sucede en Pekín. Ayer hubo seis récords en una mañana para el recuerdo.
«Lo que ocurre aquí no puede ser normal desde el punto de vista estadístico», señaló el entrenador del equipo alemán de natación, Örjan Madsen. Lo dijo después de ver como, de buenas a primeras, en las semifinales de los 100 metros libre, Eamon Sullivan (47.05) pulverizaba el récord que había conseguido Alain Bernard escasos minutos antes (47.20).
Luego llegó la gesta de Federica Pellegrini, que se proclamó campeona olímpica en la final de 200 metros libre con un tiempo de 1:54.82, mejor de lo que lo había hecho en las series (1:55.45). A continuación Stephanie Rice se colgó el oro en 200 estilos con 2:08.45, superando a a la zimbabuesa Coventry y a la americana Coughlin. Y entre medias el récord de Phelps en 200 mariposa y el del 4x200 libre. La matinal más rápida de todos los tiempos.
Instinto asesino
Es una mezcla de todo. A las inmejorables características técnicas de este recinto espectacular hay que sumarle los efectos del famoso traje de baño de Speedo y el pico de forma de los especialistas, que en Pekín está por las nubes. «Tienen un instinto asesino», añade Dirk Lange, técnico de Sudáfrica. «El traje de baño sólo es un apoyo, pero debajo de él hay un tío que se entrena sin parar para hacer el mejor tiempo», replica Sergio García, miembro de la expedición española.
El Cubo de Agua no es una piscina muy característica salvo en su estructura. Es cubierta, eso sí, algo que puede favorecer en el caso de que no acompañe la climatología, pero poco más. «Cuando se logra un récord, todo es gracias al nadador», subraya Ryan Lochte. «Ellos son los que se entrenan, a ellos hay que otorgarles el éxito», participa Xavier Vila.
Vila fue el director técnico de las piscinas de San Jordi (Barcelona), Melbourne, Shangai y Manchester. Es un especialista en la materia y asegura que se trabaja continuamente para mejorar estos recintos deportivos. Ahora bien, para Vila el tipo de piscina es secundario: «Lo prioritario es el estado de forma. Obviamente se nada mejor en una piscina olímpica, con todas sus virtudes, que en cualquier otra».
La principal diferencia está en el ozono. La calidad del agua es excelente y su tratamiento es fundamental. Gracias al ozono se genera una sobresaturación cercana al 120 por ciento de oxígeno que beneficia al nadador. «Es como cuando cae una gran tormenta, que da la sensación al respirar de que hay más fortaleza», ejemplifica Vila. En el Cubo se nada a 26,8 grados -la normativa obliga a que el agua esté entre 24 y 28- .

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