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Martes, 12-08-08
POR JOSE LUIS JIMÉNEZ
SANTIAGO. La amenaza lanzada al Gobierno de Zapatero por el frente catalanista que encabezan José Montilla y el PSC tiene otras víctimas colaterales en el seno del PSOE estatal. Una de ellas es el presidente de la Xunta, un Emilio Pérez Touriño que necesita imperiosamente el balón de oxígeno que supondrían las inversiones en Galicia de los Presupuestos Generales del Estado para maquillar la crisis económica y encarar con cierto optimismo su cita con las urnas que se presume para marzo.
El presidente de la Generalitat, el PSC y el resto de fuerzas catalanas salvo el PP lanzaron el órdago al Gobierno de no votar a favor de las Cuentas del Estado para el próximo año si no se atiende a las demandas de financiación de Cataluña, incluidas en el nuevo Estatuto de Autonomía, recurrido ante el Tribunal Constitucional.
Daño a la credibilidad
Precisamente, los Presupuestos de 2009 son donde deben incluirse las partidas necesarias para licitar todos los tramos pendientes del AVE gallego, exigencia imprescindible para que se cumpla la promesa de Zapatero, Touriño y el PSOE de que la alta velocidad estará en funcionamiento en Galicia en 2012. Se trata de un compromiso expreso del presidente del Gobierno y el mandatario autonómico, reclamado además por el Congreso y el Parlamento gallego, y de truncarse, minaría la ya de por sí dañada credibilidad de Pérez Touriño.
No obstante, el titular de la Xunta recibe ahora de Cataluña una deslealtad hacia los Presupuestos inversamente proporcional a su apoyo al nuevo Estatuto, que defendió cuando el PP desarrollaba su campaña de recogida de firmas contra su aprobación. Touriño no sólo negó que el texto catalán fuera negativo para Galicia, sino que importó la aspiración de una relación «bilateral» entre Estado y Autonomía.
El domingo, Touriño lanzó uno de sus tibios mensajes a Montilla, instándole a «no cuestionar y tensar las posturas del Estado plural». Pese a presidir una de las llamadas comunidades históricas, el peso de Touriño es nulo en el seno del PSOE -ensombrecido por el también gallego José Blanco-, e incluso su iniciativa de crear un frente de comunidades «pobres» frente a la todopoderosa Cataluña acabó en nada.
Por ello, y ante la eventual dificultad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado sin unas más que generosas inversiones en Cataluña, Touriño baraja un nuevo argumento para el adelanto electoral, que de producirse sería o el 26 de octubre o el 9 de noviembre. Así lo han comentado por los pasillos diversos diputados socialistas en el Parlamento, según ha podido saber este periódico.
Además, el PSOE fabrica su justificación para el adelanto mirando al País Vasco. Las cuentas socialistas son que Ibarretxe disuelva el Parlamento en marzo, y dado el interés confesado por Touriño de que las gallegas no coincidan con ningún otro proceso electoral, podrían llevar incluso a que la cita con las urnas se produjera antes de acabar este año. Tal es el secretismo con que el presidente guarda su decisión que ni siquiera su socio de gobierno, el nacionalista Anxo Quintana, conoce cuándo serán las elecciones.
Reveses del PSOE a Galicia
Mientras Touriño se encierra con sus augures para profetizar en qué fecha le interesa convocar las elecciones, su partido ha ido haciéndole flacos favores, dejándole en evidencia ante asuntos de gran importancia para Galicia. El más notable fue el voto en contra del PSOE a la creación de una comisión de seguimiento Xunta-Gobierno para el AVE gallego, que salió adelante con los votos de PP y BNG. Despreciando el mandato parlamentario, el Gobierno zanjó la polémica con la confirmación de que ambas administraciones se reunirán trimestralmente para analizar el estado de las obras.
El otro asunto es la reforma de la ley electoral para que los emigrantes voten en urna. Galicia tiene 300.000 electores en el exterior, una masa de votantes capaz de dar o quitar escaños, y tras los escándalos de compra y manipulación de votos que han salpicado al PSOE esta legislatura, PP y BNG quieren que la diáspora vote en urna ya de forma irrenunciable. El PSOE, que votó a favor junto al resto de fuerzas en el Parlamento gallego, ha demorado intencionadamente esta reforma en el Congreso, llegando a decir que es una reivindicación «electoralista», y que se carece de los suficientes medios en embajadas y consulados para instalar las urnas.
Touriño capea como puede los reveses de su partido, aquellos que recibe de Madrid, o los que vienen de Cataluña y merman la imagen de partido sólido del PSOE. Lo cierto es que eso, sumado a la crisis económica que acecha a Galicia, le está llevando a caer en las encuestas que tan favorables le eran hace seis meses. Ahora la disyuntiva es adelantar o llegar hasta el próximo año.
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