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Lunes, 11-08-08
Bolivia sigue hoy igual o más dividida que ayer. Evo Morales fue ratificado en el cargo con el 60,12 por ciento de los votos pero sus principales adversarios, los gobernadores de los cuatro departamentos (regiones) más poderosos del país, también triunfaron y, al menos en dos casos, el de Santa Cruz (69 por ciento) y el de Beni (67 por ciento) lo hicieron con más sufragios que él, según los primeros sondeos a pie de urna.
En esas regiones, conocidas como media luna oriental, anoche mismo anunciaban la puesta en vigor de sus estatutos autonómicos, considerados ilegales por el Gobierno. Se puede afirmar que Evo Morales ganó pero no del todo. Su objetivo de deshacerse de los gobernadores enfrentados con el Gobierno fue un absoluto fracaso salvo en dos casos que quedan fuera del territorio de la «media luna». Se trata de La Paz, que estaba cantado y de Cochabamba, donde Manfred Reyes Villa, siempre según los sondeos, apenas alcanzo el 33 por ciento de apoyo. No obstante, Reyes Villa, había anticipado que desconocería los resultados por considerar el referéndum revocatorio ilegal.
La victoria de Rubén Costas, máxima autoridad de Santa Cruz y de los otros tres gobernadores de la «media luna», todos desde hace cinco días en huelga de hambre, complica enormemente los planes de Morales. El presidente de Bolivia pretendía utilizar los resultados del referendum como un argumento indiscutible para sacar adelante una Constitución indigenista y estatista.
En el escenario actual —salvo modificación posterior con los resultados oficiales— Morales debería intentar reconducir la situación y sentarse a negociar con las regiones. No obstante, en previsión de este resultado el presidente, horas antes de abrirse los colegios electorales, envió un mensaje conciliador: «El voto nos permitirá, nos obligará a un reencuentro de las autoridades, a una reconciliación del pueblo boliviano». En el mismo tono no beligerante se pronunció Carlos Dabdob, secretario de Autonomías de Santa Cruz, el departamento opositor más fuerte contra el Gobierno: «Vamos a exigirle que nos sentemos para buscar un pacto de reconciliación», anunció.
Con el eco de estas declaraciones en el ambiente cuatro millones de bolivianos estaban obligados ayer a dar respuesta a dos preguntas: «¿Está de acuerdo con la continuidad del proceso de cambio liderado por el presidente Evo Morales y el vicepresidente Alvaro García Linera». «¿Usted está de acuerdo con la continuidad de las políticas, las acciones y la gestión del Prefecto…?».
«No se va a resolver nada»
Los resultados oficiales, tanto para la presidencia como para los ocho gobernadores de los nueve cuyo futuro está en juego, se conocerán en una semana. Ni hoy ni en ese tiempo, según el economista y miembro de la Fundación Ebes, Carlos Toranzo, «se van a resolver los problemas del país. No se va a solucionar nada».
Sobre los sondeos a pie de urna el jefe de misión de la OEA, Eduardos Stein, pidió prudencia ya que «el margen de error es de entre siete y ocho puntos». Las declaraciones de Stein se enmarcan en un ambiente donde todos andan con pies de plomo. El temor a que salte una chispa y Bolivia se incendie hoy mismo, como resultado de distintas interpretaciones del referéndum, lo comparten observadores, Gobierno y prefectos (gobernadores).
Los analistas coinciden en que la celebración de la consulta de ayer poco ayudará a resolver los problemas de fondo de Bolivia, aunque «ambas partes en conflicto tienen miedo a una solución violenta», reflexiona el ex constituyente, Jorge Lazarte. Salvo «grupos minoritarios de uno y otro bando, todos quieren mantener la calma», asegura.
De acuerdo a una encuesta de la firma Captura Consulting, el 48 por ciento de los consultados cree que la crisis se agudizará a partir de hoy mientras que el 31 confía en que las aguas —dentro de lo que es Bolivia— se calmen. Para Carlos Toranzo, no hay dudas, el presidente se convertirá «en dueño de un Estado vacio y el lunes habrá una hecatombe». Eduardo Gamarra, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de Florida, asegura que «el país va a quedar en una especie de statu quo que fortalece los extremos y radicaliza las posiciones».
Gamarra percibe como una «posibilidad lejana» que se abra paso a una flexibilización de los «gobernadores fortalecidos» para que «acepten algo de esa Constitución». Jorge Lazarte observa que, «independientemente del recuento, no existe un escenario positivo. La alternativa es el menos malo para que se recupere la sensatez».
Escenario complicado
El escenario es complicado se mire por donde se mire. Hasta para aplicar un criterio en el recuento de votos hay desacuerdo. El Gobierno mantiene una visión diferente a la de la Corte Nacional Electoral. Según ésta, los gobernadores serán destituidos con la mitad más uno de los votos contra su gestión. Pero para Evo Morales y el vicepresidente Alvaro Garcia Linera, se debe aplicar la ley dictada por el Congreso con carácter general. Esto es, todas las autoridades serán revocadas si el voto en contra de su gestión supera el porcentaje y número de sufragios obtenidos en las elecciones. De cualquier modo, según los sondeos ni con esa norma, pierde la media luna.
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