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Se nota que hay una mujer en el cementerio de Fasnia
Lunes, 11-08-08
Al leer el titular, podría pensarse que no sólo es una, sino que hay muchísimas mujeres en un cementerio. No obstante, la cosa cambia bastante si se trata de una que esté viva y su trabajo sea sepulturera. En toda España sólo hay una y está en el cementerio San Isabelino de Fasnia, en el sur de Tenerife.
«La gente no quiere que yo me vaya», dice Carmen Dolores Tomé Jorge. «He cumplido con mi trabajo, he desempeñado tareas que no me correspondían, como pintar el cementerio, limpiarlo y ocuparme de la jardinería, incluso en el exterior. Pero el alcalde me echa porque soy una mujer».
«Ha sido un honor para mí trabajar todo este tiempo en el cementerio San Isabelino de vuestro pueblo; les estoy muy agradecida a todos por la gran acogida recibida». «El próximo 12 de agosto» -mañana- «dejaré de ser vuestra sepulturera sin motivos aparentes, puesto que hasta ahora no he recibido ninguna queja, ¿será porque soy la primera sepulturera del país? Gracias, pueblo de Fasnia». Con una carta abierta en estos términos, Loly, como más se le conoce, se ha despedido de los vecinos del municipio fasniero.
Los primeros seis meses desempeñó esta tarea en Arafo, ayudando al enterrador. Su principal función era la de ocuparse de la limpieza de calles y jardines del lugar. Pasado este tiempo, supo que en Fasnia buscaban un sepulturero y se presentó, espoleada por su vocación, a la oferta de empleo pública. Más tarde, comenzó el calvario.
Al dirigirse al Servicio Canario de Empleo para ver qué ocurría, su nombre no aparecía en la oferta solicitada por el Ayuntamiento. Descubrió que la propia Corporación le había dado de alta en la Seguridad Social, haciendo una contratación directa. El primer contrato que firma Loly tiene fecha del 8 de febrero de 2008 y duración hasta el 7 de marzo del año en curso. Estando este contrato en vigor, a la sepulturera se le da de baja de la Seguridad Social sin aviso ni consentimiento, «por otros motivos». Posteriormente, el Ayuntamiento de Fasnia le hace un nuevo contrato con fecha de duración del 28 de febrero al 12 de agosto de 2008, una continuación del primero.
El día 10 de julio se le comunica el despido sin motivo legal que justifique este cese, según relata Loly, porque «no ha habido dejación de funciones ni quejas vecinales». El 23 de julio recibe en su domicilio de mano de la Policía un certificado en el que por decreto ley y firmado por el alcalde, Pedro Hernández Tejera, se le obliga a coger once días laborables de vacaciones que finalizan el mismo día en que se da por terminado su contrato de trabajo.
Atrapada por el machismo
Loly cree que la única razón que justifica el despido como sepulturera es su condición de mujer y las continuas felicitaciones que recibe el alcalde por el buen trabajo que desempeña ella en el cementerio, que al parecer no gustan demasiado al primer edil. Según Loly, el hecho de no «entrar por el aro» y defender sus derechos ha molestado al grupo de Gobierno en este municipio sureño de Tenerife.
El hecho de estar realizando una profesión que hasta ahora se ha considerado sólo de hombres ha marcado la vida de esta mujer joven, femenina y apasionada en su trabajo. Frases como «las mujeres no saben enterrar» las ha escuchado Loly de otros sepultureros o de empresarios de funerarias. Admite que los propios compañeros de trabajo en la Corporación la ven con malos ojos por dedicarse a esta actividad y no cuenta con el apoyo de ellos. Según Loly, la mirarían mejor si su dedicación fuera exclusivamente limpiar o desempeñar tareas de poca relevancia, que no le permitan destacar: «Eso de que limpie, encale, entierre, saque restos mortuorios y prepare nichos esperando a que llegue el difunto no gusta demasiado que lo haga una mujer».
Loly se pregunta a qué tiene miedo el hombre cuando una mujer comienza a desempeñar la misma actividad que él.
El amor del pueblo
La sepulturera continuamente recibe muestras de agrado y cariño por parte del pueblo de Fasnia. Su dedicación y entrega al trabajo la han hecho merecedora del buen trato que le regalan los vecinos un día si y otro también. Loly se ocupa de mantener limpio el cementerio y de ordenarlo. A su llegada adecentó la cripta que no se limpiaba desde hacía muchos años sacando del lugar el contenido de dos camiones de basura. Se ocupa diariamente de las lápidas y de retirar las flores secas. Pone mucho cariño en su trabajo cuando tiene que enterrar a alguien, e incluso en alguna ocasión se le ha escapado una lágrima en solidaridad con la familia que pasa el amargo trance de despedir a un ser querido.
Por su dedicación al cementerio y a las personas que acuden a él, en cierta forma ha chocado con los empresarios que se relacionan con el sector. Comentaba Loly que todo lo que rodea al entierro se convierte en un negocio desde el mismo lugar en el que muere la persona y si ella puede ayudar a que la familia se ahorre unos euros, lo hará. Advierte y recuerda la sepulturera que donde trabaja es un camposanto y no un centro comercial.
A partir del 12 de agosto no sabe Loly lo que ocurrirá pero confiesa que lo que más desea es que se le permita seguir ejerciendo su trabajo de fosera-enterradora en Fasnia. Le gusta el pueblo y también la gente.
Loly podría desempeñar otros trabajos porque tiene preparación académica para ello, pero su pasión es el cementerio. Según sus palabras ha aprendido a valorar lo verdaderamente importante de la vida entre los muertos y sostiene que en su día a día, cada vez le queda más claro que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita.
Carmen Dolores Tomé no quiere dejar de ser la sepulturera, «la única de España», de este municipio tinerfeño y denuncia que su despido se debe a un trato discriminatorio por su condición de mujer
TERE COELLO
La sepulturera, en la plaza del municipio tinerfeño de Fasnia
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