Domingo, 10-08-08
Arena fina... Aguas limpias... Son factores turísticos; también fuentes de ingresos. Hay quien los explota y goza. Y hay quien no puede ni hacer efectiva la Ley de Costas de 1988, que garantiza el libre acceso del público a las playas. ¿Independientemente de la movilidad de la persona?
En España existen más de 300 playas accesibles, pero sólo 164 están completamente adaptadas a personas con discapacidad, según datos de Cruz Roja. «Los elementos que hacen asequible una playa casi dependen de cada tipo de minusvalía. No podemos valorar de igual forma las necesidades de un discapacitado físico con las de uno sensorial, pues en cada entorno las posibilidades de ayuda y autonomía varían considerablemente», apunta Norma López, secretaria general del Comité Español de Personas con Discapacidad (Cermi) de Galicia.
Aseos, duchas, quioscos, vestuarios y aparcamientos con rampas, pasarelas hasta el borde del agua, bollas de relimitación grandes y de colores vistosos, servicio de vigilancia, sillas anfibias, señalización e información visual y táctil, así como «megáfonos que nos indiquen el estado de la mar, nos adviertan de los peligros y nos expliquen dónde podemos acudir en caso de sufrir algún percance», continúa Norma. Requisistos que hacen de la playa un entorno agradable que anima a las personas con movilidad reducida a «disfrutar su derecho al ocio», opina Carlos Laguna, presidente del Cermi valenciano.
Disparidad
Ciento sesenta y cuatro parece un número alto, pero éste no ha variado desde el año pasado, según Cruz Roja. Aunque se han registrado aumentos significativos, como los protagonizados por el País Vasco y Murcia, que han pasado de cero a cinco y de cuatro a nueve playas adaptadas, respectivamente. Una cifra pobre en comparación con los casi ocho mil kilómetros de costas y con las más de tres mil playas de que disponemos. De éstas, sólo 455 han conseguido este verano la bandera azul, un distintivo que indica no sólo la calidad del arenal y del agua, sino también su accesibilidad (mínima y aconsejada). Playas, además, repartidas de una manera muy desigual por el litoral español, tal y como apunta Cruz Roja. Mientras que Cataluña y Valencia encabezan la lista con 57 y 42 respectivamente, Cantabria sólo dispone de una. Siendo su distribución por provincias igual de desequilibrada, pues de las costas andaluzas acondicionadas para discapacitados, la mayoría están en Málaga, con ocho, frente a Cádiz con una o Huelva, que no tiene ninguna.
España puede ser considerada como pionera en la accesibilidad de las playas. Las primeras iniciativas que se realizaron en este ámbito se remontan al año 1996, con el proyecto denominado «Ayuda social al discapacitado en playas», que presentó la Consejería de Sanidad de la Comunidad Valenciana. En julio del año siguiente comenzó la prestación del servicio, siendo la playa del Cabañal el primer punto accesible y consiguiendo ese verano una afluencia de 512 usuarios.
Futuro
Tan importante como hacer que una playa sea accesible es mantenerla como tal, más teniendo en cuenta la mayor erosión que sufren estos entornos. «He comprobado como en algunos arenales que se denominaban accesibles, al cabo de un par de años, dejan de serlo, pero siguen llamándolos así», estima Javier Charroalde, asesor de accesibilidad de Cermi. «Es muy espectacular hacer la inauguración, pero lo que importa es el día a día, mantener las instalaciones. Éste es un tema en el que no se ha reparado demasiado». Para ello, se aprobó en su momento un sistema de gestión de accesibilidad a través de una norma UNE, la 170.001, en la que se habla de la gestión de la accesibilidad. «Si no se tiene en cuenta cualquier incorporación de mobiliario nuevo, la playa puede perder su accesibilidad y avanzaríamos en negativo», apunta Jesús Hernández, director de accesibilidad universal de Once.
Sería bueno también, según Pedro López, responsable de la formación Fundosa Accesibilidad, que en todas las playas se enseñara a voluntarios, socorristas y expertos a atender cómo tratar a una persona con cualquier tipo de discapacidad. «No se trata sólo de que te ayuden a montarte en la silla anfibia un ratito o de que te auxilien a la hora de mudarte la ropa mojada, se basa también en la psicología», apunta Rosa Calvillo, usuaria de una silla de ruedas. «Veo que las cosas van mejorando, pero aún queda mucho por hacer, porque es injusto que en un lugar tan turístico como Ibiza sólo pueda acceder a dos playas»
Una playa adaptada a todos no sólo beneficia a las personas con discapacidad física, que frecuentemente se desplazan en silla de ruedas, o con otros tipos de ayudas técnicas como bastones o muletas. «También favorece a las personas mayores o familias con niños pequeños», advierte Miguel Ángel García, presidente de la Plataforma Representativa de Discapacitados Físicos (Predif). Además, supone un «generador de riqueza, ya que anima a muchas personas discapacitadas y a sus familias» a visitar estas zonas «si se encuentran cómodamente instalados en ellas».

