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Sábado, 09-08-08
A. PASCUAL
MADRID. La física de partículas, una de las disciplinas más teóricas de la Ciencia, está de enhorabuena. Si los investigadores querían probar sus teorías, ahora tendrán la oportunidad de hacerlo a lo grande. Y es que hoy comienza la fase de pruebas del experimento científico más ambicioso de la historia. Es el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por sus siglas en inglés), el mayor acelerador de partículas del mundo, ubicado en las instalaciones del CERN, en Suiza.
«Estamos en el sprint final de una larga maratón», comenta Lyn Evans, director del proyecto. Han pasado catorce años desde que se aprobó el diseño final, y ocho desde que se empezaron a excavar los 27 kilómetros que abarcan los túneles de la máquina. Una construcción que, en consonancia con la gastronomía local, ha dejado el subsuelo de Ginebra como un queso de gruyer. Semejante infraestructura queda justificada cuando se conoce uno de los objetivos principales del experimento: recrear unas condiciones similares a las del «Big Bang». De hecho, el LHC generará y colisionará haces de partículas a 5 teraelectronvoltios (Tev) durante este año, una energía siete veces más intensa de la alcanzada por cualquier acelerador hasta la fecha. Y será aún mayor cuando el aparato alcance su máximo rendimiento en 2010.
Pero las primeras partículas circularán por el LHC el 10 de septiembre con una potencia restringida a 0,45 Tev por motivos de seguridad. Los técnicos del laboratorio quieren ser extremadamente cuidadosos en este aspecto ya que, como recuerda Evans, «no hay precedentes, el LHC es su propio prototipo». Antes de llegar a esa fecha, los físicos del CERN habrán tenido que completar la fase de enfriamiento del acelerador, que trabaja a una temperatura de -271º C, sólo dos grados por encima del cero absoluto. El siguiente paso del proceso pasa por sincronizar el Super Sincrotrón de Protones, un acelerador a pequeña escala que supone el último eslabón en la cadena de inyección del LHC. La sincronización requiere una precisión de una fracción de nanosegundo, una compleja maniobra que requiere dos meses de práctica.
Las «partículas de Dios»
Uno de los principales retos del acelerador será comprobar o no la existencia del famoso bosón de Higgs, una partícula elemental hasta ahora teórica, cuya existencia validaría el modelo estándar de la física de partículas. Sobre el papel, gracias a estas «partículas de Dios» las demás se comportan como poseedoras de masa y la confirmación de su presencia supondría el avance científico más relevante en los últimos años.
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