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El «Redeem Team»
Sábado, 09-08-08
Los voluntarios, que aquí hay a puñados y salen de todas partes siempre con una sonrisa en la boca y discurso amable, andaban como locos. La avalancha humana amenazaba la integridad de las flores de la sala de prensa principal del majestuoso MPC (Media Press Center), un escenario gigantesco en donde sólo acuden los deportistas con más cartel o el presidente del COI. Por ahí pasó Nadal, Federer y el equipo de natación norteamericano, con Michael Phelps a la cabeza. Pero lo de ayer no admite comparaciones. Asomó el «Dream Team» -rebautizado ahora «Redeem team (el equipo redentor)» porque ha llegado para recuperar el trono- y Pekín recuperó el color que le roba la contaminación.
A ojo, y sin exagerar, ahí había más de medio millar de personas. Cámaras por doquier y el equipo norteamericano al completo repartiendo guiños y complicidad con la organización. Todos son superestrellas, deportistas que están muy por encima del resto de los olímpicos. La NBA es algo extremo.
Para muestra un botón. Al más puro estilo yanqui, la organización planteó una zona mixta con los miembros del equipo americano repartidos por la gigantesca habitación. A las cuatro esquinas, con Kobe Bryant, Lebron James y el entrenador, Mike Krzyzewski, mandando desde la mesa principal. Todos los jugadores sentados en un taburete y los periodistas, codazo va codazo viene, buscando el mejor sitio para tener lo más cerca posible a Jason Kidd, Chris Bosh o Carlos Boozer. «Somos doce superestrellas, pero somos un equipo», se defendió Kidd. «Estamos acostumbrados, nos gusta que la gente nos quiera tanto», añadió Deron Williams. «Sabemos que va con nuestro trabajo», acepta Michael Redd.
Estoicamente, aguantan innumerables preguntas que a todos cogen por sorpresa. Un chino le pregunta a Bryant si conoce a algún compatriota de Yao Ming -obviamente, es la principal referencia aquí- y Kobe se sale con un tópico. Otro le pide a Lebron que le analice la selección alemana, y éste utiliza el mismo recurso que su compañero. «Es un equipo competitivo y bla bla bla». Un bombardeo de preguntas que concluye cuando anuncian por los altavoces que las estrellas tienen que irse de inmediato. Y todo esto alternando fotos con periodistas y curiosos que saltan de emoción una vez logran su tesoro.
Andar con cierta arrogancia
Huyen como pueden de la marabunta con un andar que desprende cierta arrogancia, conscientes ellos de que son el centro del mundo. Estrechan la mano con pereza, golpeando primero con la palma y luego con el puño. Una italiana, abrazando un balón como si fuera lo más valioso del mundo, acude a la caza del autógrafo de Bryant, pero se le cuela un voluntario al que la estrella de los Lakers le firma en el camiseta. El chino estalla de emoción y no puede evitar el lloro. «Hasta la vista», se despide Kobe con su dignísimo castellano, el mismo que utilizó para hablar con nuestras nadadoras cuando se las encontró por la Villa Olímpica. Las estrellas también son de este planeta.
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