Ya les pasó en Atenas 2004. El Gobierno griego barrió de sus calles los cerca de 10.000 perros que por allí vagabundeaban. Por imagen. Quedaba feo, pobre. Y la cita olímpica es el mejor escaparate para difundir la estampa de un país. Así que llenaron las perreras y vaciaron de esterilizantes las farmacias veterinarias. En Pekín tampoco se ve un perro.
China es un país que ha crecido desde las restricciones. Como la de tener sólo un hijo o la de prohibir la posesión de algunas mascotas. Nada de lujos. Ahora, con la apertura, ya se permite tener canes, aunque hay un límite de talla. Y las licencias son caras. El caso es que no aparecen por las calles. Y debido a los Juegos, han desaparecido hasta de las cartas de menú de los restaurantes. Aquí los perros se han comido siempre. Menos este mes de agosto. Tregua olímpica. De tenedores -o palillos- caídos. Volverán a los fogones en septiembre. Con apio o salsa agridulce. A la cantonesa o la pequinesa. Los perros invisibles de Pekín.
La autoridades no quieren problemas. Saben que a los visitantes occidentales se les revuelven las tripas de sólo imaginarse trinchando a «Goofy», echando sal sobre «Lassie» o chupándose los dedos con un solomillo de «Rin-tin-tín». Así que nada de perros en la cocina. Pekín 2008 es este mes un resumen del mundo. Crisol de culturas. En Europa o Estados Unidos, las mascotas son miembros de la familia. En Gran Bretaña, el negocio de los animales de compañía supone casi 5 billones de euros; en Alemania, ronda los 3 billones; como en Francia. En Estados Unidos, la venta de piensos, accesorios, peluquería y atención veterinaria alcanzó en 2005 los 29 billones de euros, según la American Pet Products Manufacturers Association.
Se aprovecha hasta la piel
En China, los perros salen más económicos. De ellos se aprovecha hasta la piel. Varias asociaciones de defensa de los animales han lanzado campañas en internet contra ese maltrato. Pero es que la condición de segundo plato que aquí tienen los canes viene de lejos. Al menos desde Confucio. Los defensores de este insólito menú dicen que la carne de perro incrementa la energía positiva en el cuerpo (el «yang») y ayuda a regular la circulación sanguínea. Por eso se consume más en invierno. Y, preferentemente, una especie mezcla de perro chino y San Bernardo. Tiene muchas ventajas: es de camada abundante, crece rápido y es tierno.
Pero no este mes de agosto. No durante los Juegos. En Grecia los caparon. En China los han bajado de la mesa. Les han dado un mes más de vida. El Departamento de Turismo de Pekín anunció en julio que la carne de perro queda prohibida en los restaurantes destinados a los visitantes. Y si alguien se empeña en masticar un «setter», el cocinero está obligado a ofrecerle otras alternativas: tortuga, tiburón... El perro es uno de los doce animales del calendario chino. Pero ni eso le aparta de su destino culinario. Los años de suerte son los del cerdo. Los del perro son periodos aburridos. Aunque, por una vez, por este mes de julio, les ha salvado su condición de «no olímpicos».