
Dos niños depositan flores a las afueras de la residencia de Alexánder Solzhenitsin, en la ciudad rusa de Troitsa-Lúkovo. AP
Martes, 05-08-08
Alexánder Solzhenitsin, fallecido el domingo a los 89 años en su casa de Troitsa-Lúkovo a causa de una insuficiencia cardiaca, será mañana enterrado con todos lo honores en el cementerio del monasterio Donskói de Moscú. La capilla ardiente, instalada en la Academia de Ciencias de Rusia, será hoy abierta al público. Natalia Dmítrievna, la viuda del escritor, y sus tres hijos, Ignati, Yermolái y Stepán, ha recibido ya el pésame del presidente Dmitri Medvédev y del primer ministro, Vladímir Putin. También de altas personalidades internacionales como Nicolas Sarkozy, George W. Bush y Angela Merkel.
«Fue Solzhenitsin quien abrió los ojos del mundo a la realidad del sistema soviético», subraya Sarkozy en un comunicado. Según el presidente francés, el antiguo disidente «fue una de las mayores conciencias de la Rusia del siglo XX». El ex presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, por su parte, cree que «nadie se puede comparar con el primer hombre que tuvo el valor de levantar la voz contra el régimen de Stalin». Su viuda dijo ayer ante los micrófonos de la radio Eco de Moscú que «murió en casa y en verano, como él quería. Ha tenido una vida difícil, pero muy feliz».
«No leen mis libros»
Palabras gratas de recuerdo han sido pronunciadas también por numerosos colegas del insigne literato, por otros muchos intelectuales, políticos y prelados de la Iglesia Ortodoxa rusa. Pero el propio Solzhenitsin, que padeció en su propia carne el horror de los campos de concentración estalinistas, reconocía hace poco en una de sus raras comparecencias que «no tengo fuerzas ni edad para influir en la Rusia de hoy». Creía también que «las nuevas generaciones leen poco mis libros».
Su delicado estado de salud y su carácter eremita le han mantenido prácticamente aislado desde hace mucho tiempo. El año pasado, no pudo acudir al Kremlin para recibir el galardón que Putin le concedió por su labor. El entonces presidente ruso tuvo que ir personalmente a su casa para entregarle la medalla. Solzhenitsin, sin embargo, no ha dejado de trabajar ni un momento. Según su familia, el domingo estuvo también enfrascado en la preparación de la edición de su Obra Completa en 30 tomos.
La publicación en Francia de la primera parte de su principal obra, «Archipiélago Gulag», y la concesión del premio Nobel de literatura en 1970 le costaron a Solzhenitsin 20 años de exilio. Poco antes de su regresó a Rusia, en 1994, el diario Niezavísimaya Gazeta publicó una columna asegurando que «nadie en Rusia necesita ya a Solzhenitsin». El articulista sostenía que el ex disidente «hace tiempo que dejó de comprender lo que sucede, no sólo en Rusia, sino también en Occidente».
Gorbachov le devolvió la nacionalidad y dio luz verde a la publicación de sus obras. Pero Solzhenitsin no aprovechó aquel momento para reinstalarse en Rusia. El escritor y su familia trataron de justificar la permanencia en EE.UU. aduciendo que la casa en las afueras de Moscú no estaba aún construida y que sus hijos no habían finalizado los estudios. Argumentos que contribuyeron a que su aureola de «portador de la conciencia nacional» empezara a desmoronarse.

