Publicado Domingo, 03-08-08 a las 09:51
No está claro si Chávez ha anunciado la expropiación del Banco de Venezuela cinco minutos antes de que su legítimo propietario, el Santander, lo vendiese o si, por el contrario, ha sido Botín el que ha puesto en venta la entidad cinco minutos antes de que ésta fuera nacionalizada. Lo único cierto es que los días del grupo español en aquel país están contados. En realidad, lo estaban desde hace ya tiempo. Venezuela, más allá de las bromas que pueda provocar su histriónico presidente, ha perdido la confianza de los grandes grupos inversores, que de forma más o menos discreta han empezado a deshacer sus posiciones.
El propio Gobierno español ha dividido el mercado iberoamericano en dos bloques a la hora de hacer sus recomendaciones para los inversores que piden consejo: el de los «países desahuciados» y el de los «destinos recomendables». No hay tampoco que tener demasiada imaginación para adivinar en qué lista está situado cada cual. En la primera, la de los lugares malditos, se encuentran, porque sus gobernantes se lo han ganado a pulso, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Argentina. Este último se ha incorporado recientemente al club gracias a las impagables gestiones de su presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en casos como el de Aerolíneas, del que han sido víctimas Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual.
En el otro extremo hay un grupo importante de lo que el Gobierno español considera destinos adecuados para las inversiones. Chile y México se mantienen como dos clásicos, mientras que Brasil ha disipado ya definitivamente cualquier duda que en un principio hubiera podido despertar el discurso originariamente más izquierdista de Lula. La sorpresa más agradable, sin embargo, la constituyen Perú y Colombia, dos mercados que van recuperando poco a poco la estabilidad después de periodos de turbulencias que elevaron peligrosamente la prima de riesgo que han de pagar por el capital. El caso colombiano es especialmente llamativo. El Gobierno de Uribe está en vías de terminar con la lacra del terrorismo de las FARC, un problema que hasta ahora condicionaba cualquier operación.
Cadena de favores
En España, mientras tanto, se ve que ya ha llegado la hora de canjear los favores labrados en los años de vacas gordas. Durante estas dos últimas semanas no han faltado los anuncios de nueva colaboración entre antiguos socios. Empezaron Banesto y la inmobiliaria Reyal Urbis constituyendo una sociedad conjunta, Promodomus, que, según las fuentes oficiales, busca agilizar la gestión y la venta de las promociones, pero que según las malas lenguas no es más que otro balón de oxígeno del banco de Ana P. Botín a su amigo Rafael Santamaría. Y es que la deuda mil millonaria que soporta la inmobiliaria ha hecho de su viabilidad la comidilla de los financieros y de la propia plantilla de la empresa durante los últimos días.
También el mismísimo Emilio Botín ha salido al rescate del sector que tantas alegrías le dio en un pasado, hoy ya un tanto borroso. El banquero por excelencia ha puesto encima de la mesa 1.200 millones de euros para aliviar las escalofriantes deudas de los promotores y, aunque en esta cantidad se incluyen los 400 millones facilitados por el banco que capitanea su hija, no hay duda de que sus frutos dará. No hay que olvidar que desde la caída de Martinsa, el inmobiliario se ha convertido en un avispero agitado y nadie quiere que le derramen por encima la miel.
Pero no sólo el ladrillo siente en sus carnes los efectos de la crisis. Otra de las curiosas amistades reforzadas -a la fuerza- se ha hecho pública hace sólo dos días. El viernes, Banco Sabadell anunciaba la compra a Grupo Rayet de un 4,90% de Antena 3 de Televisión por 84,8 millones de euros. Resulta que esta operación es, nada más y nada menos, que un favor a dos bandas de Josep Oliú. Rayet, grupo inmobiliario necesitado de fondos, podrá rebajar su deuda mientras el banco refuerza su relación con los Lara, algo que, por otra parte, a Antena 3 no le viene nada mal. Redondo.
Mano tendida
¡Si es que ya lo decía Tony Ronald! ¿Recuerdan? «Help! Áyudame, en tu amistad he puesto toda mi fe...» Y tan cierto es que hace falta la mano tendida de un hermano que hasta el Gobierno se ha enganchado a la moda del SOS y, ni un poquito, le ha temblado la voz al pedir a la ciudadanía «confianza» para salir del bache. Nadie duda que la confianza sea necesaria, sí. ¡Pero habría que pedírsela a los bancos, señores del Gobierno!
Además, ¿por qué resulta que siempre son los consumidores los que se quedan los últimos en la cadena de favores? ¿Quien les va a ayudar a ellos? No parece que vaya a ser el gobierno socialista... Bueno sí, Miguel Sebastián, que nos va a regalar una bombilla.


