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De Juana y su mujer abandonan la cárcel de Aranjuez
Actualizado Domingo, 03-08-08 a las 08:38
El pistolero del «comando Madrid» José Ignacio de Juana Chaos, tras salir en libertad después de haber cumplido 21 años de cárcel de los 3.000 a los que fue condenado, lejos de arrepentirse sigue en activo dentro de la estrategia del «complejo ETA». De momento, en la retaguardia. Ayer, en un acto de bienvenida convocado «in extremis» por la denominada «izquierda abertzale», transmitió a los incondicionales de la causa «que no cesará en la lucha» hasta que no sean excarcelados los presos etarras a los que precisamente ignoró mientras estuvo en prisión. De Juana no tuvo escrúpulos en declararse «víctima de los estados de excepción no democráticos creados por Francia y por España».
La misma indiferencia que mostró la ciudad de San Sebastián ante la llegada de su nuevo vecino la expresaron los donostiarras ante el acto convocado por «Dignidad y Justicia» y «Covite» frente al Ayuntamiento para proclamar su indignación por la excarcelación del asesino en serie. Sólo asistieron unas 300 personas; otras muchas paseaban a esa misma hora por la playa. ¿Miedo? ¿Complicidad? El caso es que ayer en San Sebastián el mal llamado «conflicto vasco» lo situaron entre ETA y las víctimas.
La víspera, ni pintadas ni pancartas ni pasquines auguraban un recibimiento siquiera tibio a José Ignacio De Juana tras más de veinte años «como represaliado». Tan sólo pequeños carteles con la foto del pistolero acompañada por un «ongi etorri (bienvenido)» colocados en el interior de «herriko tabernas» como «Herria», «Arrano» o «Illumbe» recordaban su inminente excarcelación. Pero en el exterior lo que dominaba en todo caso eran reivindicaciones alusivas a la participación de la denominada «izquierda abertzale» en la Semana Grande de San Sebastián o a la excarcelación del preso Ibáñez, aquejado de una grave enfermedad.
Ya de madrugada, sin embargo, debieron movilizarse los incondicionales de esta causa perdida, la de ETA, para colocar pequeños carteles en algunas calles de la Parte Vieja de San Sebastián, escritos a mano, en los que se daba la bienvenida al asesino en serie. La precipitación de la confección de estos pasquines delataba a los autores: mucha improvisación y escasos recursos materiales.
Una vez que trascendió que el pistolero había abandonado la cárcel de Aranjuez, numerosos periodistas comenzaron a concentrarse a media mañana en torno al portal número 1 de la Avenida Carlos I de San Sebastián. El piso, a nombre de su esposa Irati Arantzabal, en el que se supone que en los próximos días vivirá el autor del asesinato de veinticinco inocentes. Ni una pancarta ni una pintada de bienvenida en la zona; tampoco muestras de rechazo e indignación.
Poco antes del mediodía trascendió que la denominada «izquierda abertzale» ofrecía a esa misma hora un acto de bienvenida improvisado a De Juana. ¿Estrategia de despiste para limpiar la zona de periodistas y posibles agresores? Hipótesis más que probable, pero el caso es que el «escenario» mediático se trasladó a la Parte Vieja, en concreto a la calle Juan de Bilbao, donde una «izquierda abertzale» en retirada aguanta atrincherada. Sin descartar la coartada, todo parece indicar que el «complejo ETA», incapaz ya de movilizar a sus simpatizantes a favor de los presos sin una Batasuna que «venda» su discurso, recurrió ayer en última instancia a Ignacio de Juana. Un etarra al que la cúpula de la banda recriminó su iniciativa de emprender una huelga de hambre saltándose la disciplina, y al que sus compañeros reprochan que buscara una salida personal a espaldas del denominado «colectivo de presos políticos vascos».
Pero apenas logró reunir a trescientos incondicionales ante la indiferencia de una ciudad festiva que miraba hacia otros frentes, incluidos muchos de sus seguidores. Ni Velódromo de Anoeta ni Palacio de Congresos de Baracaldo. No. En esta ocasión eligieron para la bienvenida y el homenaje el callejón Juan de Bilbao, donde por metro cuadrado se ubica el mayor número de «herriko tabernas».
La coartada toma cuerpo cuando al acto no sólo no acudió el asesino en serie, sino que ni siquiera su mujer, sus abogados Jone Goiricelaia y Álvaro Reizabal, o algunos de los pocos dirigentes de Batasuna y ANV que quedan en libertad. A través de una carta leída por una militante anónima, De Juana justificó su ausencia aduciendo problemas de salud -mantenía supuestamente una huelga de hambre- y su deseo de evitar lo que denominó «circo mediático». Para justificar su iniciativa de buscar una salida personal, el ex miembro del «comando Madrid» aseguró a sus incondicionales, a través de la misiva, que no descansará hasta que todos los presos que ha dejado atrás salgan en libertad.
El frío homenaje concluyó con unos breves aplausos y con el grito en dos ocasiones consecutivas «Gora ETA militar». Ni canto de «eusko gudariak (himno del soldado vasco)» ni más elogios al etarra puesto en libertad.
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