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Viernes, 01-08-08
La plaza de toros de Pontevedra es una joya de respetada piedra vieja de principios del siglo XX, cubierta por una traslúcida cúpula de cristal que la habilita como foro de espectáculos de toda índole a lo largo y ancho del año. Su valor se multiplica con la consistencia de su Feria de la Peregrina, la perla taurina de Galicia entera. El edificio, propiedad de la familia Lozano, reformado por dentro y modernizado a mediados de los años noventa, alberga su verdadero valor en la alegre afición pontevedresa, que ya alcanza casi media plaza abonada: «Este año hemos subido unos ochocientos abonos, que se encuentran en los tres mil y pico sobre un aforo de prácticamente siete mil localidades». La presencia de José Tomás ha empujado hacia arriba una feria que se había consolidado desde que hace ocho años Eduardo Lozano halló la tecla al dividir el serial en dos fines de semana. «Lo de este hombre es una cosa... Aquí -continúa Lozano- han puesto el cartel de «no hay billetes» otras figuras como Palomo o El Juli, pero con esta fuerza... El día que sacamos las entradas sueltas a la venta se formaron colas en taquilla desde las 10 de la noche hasta la mañana siguiente».
La tradición taurina gallega es más larga y honda de lo que se piensa, con raíces que alcanzan el siglo XVI. Pero hoy quedan el Coliseo de la Coruña a duras penas y la perla de Pontevedra.
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