
Miércoles, 30-07-08
Dentro de las múltiples modalidades jurídicas que tiene la pena de muerte en Estados Unidos, el presidente Bush -en su condición de comandante en jefe- ha rubricado la primera condena a muerte para un militar de Estados Unidos en medio siglo. El reo afroamericano, un soldado cocinero llamado Ronald A. Gray, ha recibido la máxima pena por una brutal cadena de cuatro asesinatos y ocho violaciones perpetrada en Carolina del Norte entre abril de 1986 y enero de 1987, mientras se encontraba destinado en el acuartelamiento de Fort Bragg.
En términos históricos, la decisión del presidente Bush supone la primera vez en 51 años que un ocupante del despacho oval ha ratificado la pena capital para un miembro de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. La última ejecución militar fue ordenada por el presidente Dwight D. Eisenhower en 1957 en el caso de un soldado acusado de la violación e intento de asesinato de una niña de once años en Austria. Ajusticiamiento, por el método de la horca, que se cumplió en 1961. John F. Kennedy fue el último presidente que se tuvo que enfrentar en 1962 a una decisión de este tipo, optando por conmutar la sentencia a muerte a un miembro de la «Navy» por cadena perpetua.
Dana Perino, portavoz de la Casa Blanca, ha indicado que aunque esta decisión «es grave y difícil, el presidente cree que los hechos en este caso no permiten dudar de que esta sentencia es justa y merecida». Además de reiterar que el presidente se solidariza «con las víctimas de estos crímenes abyectos y sus familias». Procesado tanto por tribunales castrenses como civiles en Carolina del Norte (que optaron por la cadena perpetua), el soldado Gray se encuentra internado desde 1988 en el corredor de la muerte de la prisión militar de Fort Leavenworth, Kansas. Instalaciones carcelarias que también albergan a otros cinco militares condenados a la pena capital.
Más recursos civiles
Con todo, la firma del presidente Bush, a petición del Pentágono y estipulada por el Código Uniforme de Justicia Militar de 1951, no supone el último capítulo en la saga de este soldado de 42 años. Ya que en realidad no hace más que abrir las puertas para una nueva ronda de apelaciones ante la justicia civil de Estados Unidos, empezando por una corte federal de distrito. Hasta llegar a la Casa Blanca, la sentencia de muerte para Gray ha sido respalda por unanimidad por sus superiores, la Corte de Revisión Militar del Ejército de Tierra, y la Corte de Apelaciones de las Fuerzas Armadas. En el 2001, el Supremo de Estados Unidos declinó intervenir.
De hecho, en 1996, el Tribunal Supremo ratificó formalmente la pena de muerte militar pero ningún uniformado ha sido ejecutado desde que el presidente Ronald Reagan reinstaurase este tipo de castigo en 1984 para crímenes con agravantes perpetrados por militares. El carácter excepcional de la pena capital aplicada a militares de Estados Unidos plantea incluso dudas sobre el método de ejecución a utilizar, aunque la jurisdicción federal tiene adoptado el sistema de inyección letal.

